El siglo XX, en particular la segunda mitad -tras el final de la gran guerra-, supuso el espaldarazo definitivo a la democracia. La expansión de la mundialización, con su consiguiente aderezo de reconversiones industriales y deslocalizaciones, y el clímax que alcanzó el capitalismo postmoderno basado en la especulación bursátil contentaron a unas sociedades que se han caracterizado por: a) convivir en paz durante un largo periodo de tiempo, algo que no se había dado nunca antes en la historia y b) una alienación social de la que ya avisó Karl Marx doscientos años atrás. Maticemos este último punto: el hombre del siglo XXI es, desde luego, quien más acceso ha tenido a la información y al saber en todos los campos, ora científicos, ora humanísticos, ora sociales. Sin embargo, continúa partiendo de un desconocimiento absoluto, como se refleja en la extrañeza que representa un mundo que no comprende. De ese modo, se le priva parcialmente de ser dueño de sí mismo, o sea, de la autodeterminación que tan de moda está con el lío éste del debate secesionista.
Mosca cojonera en la red, mosca polémica. Dijo Baroja, "el nacionalismo se cura viajando y el carlismo leyendo". Desde qué lo escuché, viajo y leo. Lo llaman democracia y no lo es. Los artículos no están completos. Si están interesados en alguno, hagan clic en la pestaña "seguir leyendo". Así, me harán el favor de poder contabilizar las visitas en cada entrada.
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viernes, 7 de marzo de 2014
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