Hay lugares en el mundo que son mucho más que eso. No es un eslogan publicitario, tampoco el reclamo comercial de una agencia de viajes. Hablo de lugares que nada tienen que ver con la belleza -al menos con sus cánones establecidos-, con la acumulación de artistas, con la bohemia o con el desarrollo económico. Son lugares dónde el gris de su paisaje, la lobreguez de sus calles o la humildad de sus edificios no distorsionan su esencia. Lugares dónde es el paisanaje el principal protagonista: artífice y a la vez intérprete de su propia historia. Lugares incapaces de pasar desapercibidos. Lugares vivos. Lugares que no dejan indiferente a nadie. Lugares cuya identidad va más allá que la de cualquier otro lugar, por bello u opulento que sea.
Uno de los efectos más salvajes de las recesiones económicas, entendidas como depresiones severas que suponen algo más que un simple ciclo sistémico, es su expansión hacia otros apartados de la realidad social. Se denominan crisis porque hacen tambalear el sistema en su conjunto, provocando cambios sustanciales en la manera de entender lo que nos rodea. La recesión que empezó en 2008, por consiguiente, ha tenido efectos depredadores en todos los ámbitos: social, político, cultural, moral. Lo que diferencia estos lugares del resto es que cuando la voracidad de la crisis golpea, esos lazos sociales, esos valores morales en los que firmemente creen se ven reforzados en vez de destruidos.
Mosca cojonera en la red, mosca polémica. Dijo Baroja, "el nacionalismo se cura viajando y el carlismo leyendo". Desde qué lo escuché, viajo y leo. Lo llaman democracia y no lo es. Los artículos no están completos. Si están interesados en alguno, hagan clic en la pestaña "seguir leyendo". Así, me harán el favor de poder contabilizar las visitas en cada entrada.
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miércoles, 26 de noviembre de 2014
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Desde la azotea
Hace más de un año que inauguramos este blog. Impensable era, en aquel momento, imaginar que hoy estaríamos con vosotros luego de más de cincuenta entradas. Ha llegado el momento, una vez adquirida la madurez necesaria, de experimentar. Queremos ofrecer algo distinto, novedoso, para evitar que caigamos en la monotonía. Los temas de preocupación continúan siguen siendo los mismos: la incesante lucha, que ha existido desde el inicio de los tiempos, de los de abajo contra los de arriba. O mejor dicho, de como el pueblo prosigue en su intento de alcanzar el poder, de mirar desde lo alto y verse cara a cara con sus iguales. Sin complejos. Nos sigue ocupando lo social, la denuncia de los abusos, la alienación del individuo, la violación de los Derechos Fundamentales, la subordinación del poder político al económico, la injusticia de ser gobernado por auténticos corsarios.
Por eso, hemos decidido ir más allá, dar un paso más, mirar al mundo con ojos diferentes y hacer lo que nos gusta: escribir. Dijo Ibsen, "grande o pequeño, todo hombre es un poeta si sabe ver más allá de sus actos". La poesía equipara a los hombres. Los hace mirarse de tú a tú, los hace ver más allá. Y es que, como nos enseñó Aleixandre, o es humana o no es. Si la poesía es capaz de devolvernos aunque sea un poquito de humanidad, es porque es mundana y humanamente indispensable. Ya tienen su '¿para qué?'
Por eso, hemos decidido ir más allá, dar un paso más, mirar al mundo con ojos diferentes y hacer lo que nos gusta: escribir. Dijo Ibsen, "grande o pequeño, todo hombre es un poeta si sabe ver más allá de sus actos". La poesía equipara a los hombres. Los hace mirarse de tú a tú, los hace ver más allá. Y es que, como nos enseñó Aleixandre, o es humana o no es. Si la poesía es capaz de devolvernos aunque sea un poquito de humanidad, es porque es mundana y humanamente indispensable. Ya tienen su '¿para qué?'
DESDE LA AZOTEA
La fiebre se desbordó
y el cemento corrió como el oro.
Encerrados tras una cerradura
de mecanismo complejo.
Encierro laberíntico en mente cerrada.
Quemaron la llave.
Cercenaron el cerebro.
Armados monstruos sin vida
luchando
contra vidas inermes.
Demolieron la vida
y construyeron esqueletos inánimes.
Armados monstruos sin corazón
tan solo son
esqueletos inánimes.
Mires a dónde mires, allí los verás.
Se yerguen hacia el cielo
altivos, pero sin vida.
Son fruto de la razón.
Sinrazón razonada.
Racional.
Como el hombre frío,
inánime,
sin corazón.
Como la mente que solo entiende de oro.
De cemento.
Mires a dónde mires, allí lo verás.
Desteñido mar naranja.
Enladrillaron la vida
y nos tapiaron el horizonte.
Apagaron la luz
y el resplandor nos cegó.
Era oro.
Oro gris en un mar naranja.
Ya no se veía cielo, ni tierra.
Ya no corría el viento.
El conocimiento yacía ahogado.
Olor a papel húmedo.
Encerrado en un pétreo mar naranja.
El conocimiento encerrado,
cercado por gigantescos monstruos
bañados en oro gris.
El conocimiento flotando en un mar naranja.
No se veía vida desde la azotea.
Sólo un engranaje oxidado,
unas historias desahuciadas
y un salvaje mar quieto.
No había vida, había víctimas
de un sistema maquiavélico.
Construyeron el progreso olvidando
al mundo que,
ahora,
olvidado,
desahuciado,
no es más que una marea.
Sabia. Pura. Cristalina.
Una marea capaz de abrir encierros,
de rescatar a Rapunzel,
de salvar los libros.
Una marea capaz de derribar muros,
paredes,
grúas.
Una marea que derriba construyendo
frente a quienes construyen derribando.
Ahora
el mar ha perdido su calma.
Movimiento.
Ha empezado el cambio.
La fiebre pasó.
De ella
solo quedaron esqueletos inánimes.
Pero ha empezado el cambio.
Subió la marea
y lo inundó todo.
La vida se coló dónde no vivía nadie.
Ahora
el mar ha perdido su calma.
Movimiento.
Ha empezado el cambio.
Los de abajo han conquistado la azotea.
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Ubicación:
Getafe, Madrid, España
viernes, 12 de septiembre de 2014
Botín
Cinco jóvenes se juntan en el parque de una gran ciudad de nuestra geografía. Es viernes por la tarde: el radiante sol incendia la urbe que está cubierta de fino polvo gris y de una etérea marea de contaminación imperceptible. Ajenos a todo esto, los chavales conversan en tono animado. Dos de ellos cursan carreras en una universidad pública de prestigio. Otros dos, peleados con los libros o las matemáticas, se decantaron por la formación profesional. El último, como esa quinta parte de jóvenes españoles1, ni estudia ni trabaja. Colegas desde la infancia, han quedado en su lugar habitual, en el epicentro de su barrio incendiado, recubierto de polvo y polución. Se pasan un buen rato discutiendo sobre qué hacer por la noche.
-A mí People no me gusta, tronco.
-Pues vamos a Budha, hace dos semanas nos pegamos el fiestón.
Y una vez decidida la discoteca, acuerdan qué beberán: dos botellas de ron y una de ginebra, todo de marca blanca. Uno del grupo osó proponer comprar Beefeater. "No hay chasta", le respondieron casi al unísono.
Para adquirir los ingredientes que luego mezclarán, todos han puesto cinco euros. Nadie se escaquea. En cuanto el consejo dictamina el brebaje, sus componentes echan mano al bolsillo para abonar la cuota correspondiente. Las porciones son totalmente equitativas. Pero, si alguien no ha sido capaz de recabar el dinero, otro compañero pagará su parte, y la deuda quedará saldada la siguiente vez que salgan de fiesta. Sencillo.
Como en toda sociedad, la cuadrilla está formada por personas completamente distintas, con ideales antagónicos, necesidades y deseos enfrentados, gustos diversos y preferencias dispares. No obstante, su funcionamiento no se ve entorpecido por este motivo, sino que
gana en riqueza y versatilidad, al estar compuesto por miembros con múltiples habilidades.
A mayor escala, las normas claras y lógicas que rigen esa comunidad, normas que todos los individuos compartimos, normas acuñadas ya en la Prehistoria, normas basadas en el diálogo, en el debate, en el consenso, son normas quebrantadas, normas inválidas e ineficaces; papel mojado.
¿Existe acaso el debate en el Congreso? ¿Se trata de resolver problemas mediante el diálogo como los jóvenes alcohólicos del parque? ¿Se reparte equitativamente el peso de mantener el sistema público? ¿No rehuyen sus responsabilidades tributarias precisamente
aquellos que no tienen dificultades para hacerlas frente?
En un contexto bien distinto, Hannah Arendt habló por primera vez acerca de la banalidad del mal. Ese hecho es pieza básica del aparato del Estado: el mal ha sido despenalizado. No del todo, claro está. Solo los actos físicos contrarios al orden mantienen su carácter perverso. Por un lado, la sociedad pide vísceras: asesinatos enfermizos y horribles, violencia machista, crímenes ideológicos. Son el sustitutivo del terrorismo en la sociedad del espectáculo. En cambio, éstos escapan al control de la gente. Son hechos de la peor calaña, que en nuestro código moral no tienen cabida hoy, como tampoco lo tuvieron hace muchos años.
A alguien hay que colgar. Es demasiado obvio hacerlo con el violador, con el psicópata que goza descuartizando, con el neo-nazi. Para esos casos, que la Justicia haga su labor.
Quiere saciar su sed de sangre, y la masa encuentra un oasis en el "vandalismo". Piquetes informativos, pintadas, destrozo de sucursales. Incluso algo tan insignificante como el botellón equivale al asesinato de Lennon. Ellos son los nuevos herejes. Vándalos sin valores, seres abominables que no respeten nada. "No me extraña que uno de cada dos jóvenes esté en paro si se pasan el día emborrachándose".
La banalización del mal tiene dos vertientes. Por un lado, se censuran actividades banales. Por otro, se tornan banales actividades censurables. En la institución que debería representar a la ciudadanía española, en vez del discurso, se usa la ofensa y la fuerza para imponer decisiones. Muchos de sus miembros, con importantes recursos económicos eluden sus obligaciones fiscales, colocando lo conseguido con su salario pagado por el resto lejos del alcance de éstos. Para colmo, les sale más barato tomar unas copas en el Congreso que a los muchachos en los bares.
En "El árbol de la Ciencia", Baroja relata como el pueblo ve con peores ojos que un individuo robe a otro, a que uno solo robe a todos. Aquel libro vio la luz en 1911, y retrataba la sociedad española de finales del XIX. Ciento diez años de evolución y aún seguimos en las mismas: llorando por los culpables y defenestrando a los inocentes. Pero no se preocupen, antes de morir, en 2012, el ladrón entregó su botín: 200 millones de euros ocultos a la Hacienda española. Era heredero, corrupto y banquero. Las tres palabras clave en la España de los botines.
NOTAS:
1-Un 23,7% de jóvenes españoles no estudiaba ni trabajaba en el año 2010. De hecho, los expertos creen que este número podría haberse incrementado en los últimos cuatro años. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/11/actualidad/1347351489_459628.html*
*El enlace es de Septiembre de 2012
-A mí People no me gusta, tronco.
-Pues vamos a Budha, hace dos semanas nos pegamos el fiestón.
Y una vez decidida la discoteca, acuerdan qué beberán: dos botellas de ron y una de ginebra, todo de marca blanca. Uno del grupo osó proponer comprar Beefeater. "No hay chasta", le respondieron casi al unísono.
Para adquirir los ingredientes que luego mezclarán, todos han puesto cinco euros. Nadie se escaquea. En cuanto el consejo dictamina el brebaje, sus componentes echan mano al bolsillo para abonar la cuota correspondiente. Las porciones son totalmente equitativas. Pero, si alguien no ha sido capaz de recabar el dinero, otro compañero pagará su parte, y la deuda quedará saldada la siguiente vez que salgan de fiesta. Sencillo.
Como en toda sociedad, la cuadrilla está formada por personas completamente distintas, con ideales antagónicos, necesidades y deseos enfrentados, gustos diversos y preferencias dispares. No obstante, su funcionamiento no se ve entorpecido por este motivo, sino que
gana en riqueza y versatilidad, al estar compuesto por miembros con múltiples habilidades.
A mayor escala, las normas claras y lógicas que rigen esa comunidad, normas que todos los individuos compartimos, normas acuñadas ya en la Prehistoria, normas basadas en el diálogo, en el debate, en el consenso, son normas quebrantadas, normas inválidas e ineficaces; papel mojado.
¿Existe acaso el debate en el Congreso? ¿Se trata de resolver problemas mediante el diálogo como los jóvenes alcohólicos del parque? ¿Se reparte equitativamente el peso de mantener el sistema público? ¿No rehuyen sus responsabilidades tributarias precisamente
aquellos que no tienen dificultades para hacerlas frente?
En un contexto bien distinto, Hannah Arendt habló por primera vez acerca de la banalidad del mal. Ese hecho es pieza básica del aparato del Estado: el mal ha sido despenalizado. No del todo, claro está. Solo los actos físicos contrarios al orden mantienen su carácter perverso. Por un lado, la sociedad pide vísceras: asesinatos enfermizos y horribles, violencia machista, crímenes ideológicos. Son el sustitutivo del terrorismo en la sociedad del espectáculo. En cambio, éstos escapan al control de la gente. Son hechos de la peor calaña, que en nuestro código moral no tienen cabida hoy, como tampoco lo tuvieron hace muchos años.
A alguien hay que colgar. Es demasiado obvio hacerlo con el violador, con el psicópata que goza descuartizando, con el neo-nazi. Para esos casos, que la Justicia haga su labor.
Quiere saciar su sed de sangre, y la masa encuentra un oasis en el "vandalismo". Piquetes informativos, pintadas, destrozo de sucursales. Incluso algo tan insignificante como el botellón equivale al asesinato de Lennon. Ellos son los nuevos herejes. Vándalos sin valores, seres abominables que no respeten nada. "No me extraña que uno de cada dos jóvenes esté en paro si se pasan el día emborrachándose".
La banalización del mal tiene dos vertientes. Por un lado, se censuran actividades banales. Por otro, se tornan banales actividades censurables. En la institución que debería representar a la ciudadanía española, en vez del discurso, se usa la ofensa y la fuerza para imponer decisiones. Muchos de sus miembros, con importantes recursos económicos eluden sus obligaciones fiscales, colocando lo conseguido con su salario pagado por el resto lejos del alcance de éstos. Para colmo, les sale más barato tomar unas copas en el Congreso que a los muchachos en los bares.
En "El árbol de la Ciencia", Baroja relata como el pueblo ve con peores ojos que un individuo robe a otro, a que uno solo robe a todos. Aquel libro vio la luz en 1911, y retrataba la sociedad española de finales del XIX. Ciento diez años de evolución y aún seguimos en las mismas: llorando por los culpables y defenestrando a los inocentes. Pero no se preocupen, antes de morir, en 2012, el ladrón entregó su botín: 200 millones de euros ocultos a la Hacienda española. Era heredero, corrupto y banquero. Las tres palabras clave en la España de los botines.
NOTAS:
1-Un 23,7% de jóvenes españoles no estudiaba ni trabajaba en el año 2010. De hecho, los expertos creen que este número podría haberse incrementado en los últimos cuatro años. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/11/actualidad/1347351489_459628.html*
*El enlace es de Septiembre de 2012
viernes, 22 de agosto de 2014
Crisis
Hace unos años la palabra crisis recordaba a una de tantas megaproducciones cinematográficas apocalípticas en las que la destrucción total amenazaba nuestro planeta y en las que un musculado guaperas y una rubia voluptuosa eran la última esperanza para salvar a la Humanidad, tarea que siempre resolvían con éxito. Hoy en día, aunque Zapatero se resistiese a pronunciarla, tal vez para evitar el desastre de la Tierra, se ha ganado por derecho propio un lugar especial en nuestro vocabulario. Nos abotarga escucharla a diario, ya sea en prensa escrita o en televisión, en las tertulias de los cafés o en suplementos publicitarios. Estamos hasta los cojones de la maldita palabreja, la espada de Damocles que se cierne sobre cualquier intelecto sano, o medio sano. No obstante, resulta cómico como insignes personajes hacen cábalas acerca de su duración o lanzan propuestas como si fueran curanderos de pueblo, haciendo honor a ese programa de Canal +, "Ilustres ignorantes".
viernes, 4 de julio de 2014
El sueño del celta
No es muy reciente, pero tira. Resulta que ayer empecé con una novela de Vargas Llosa. Curiosamente, escrita en el mismo año que se le condecoró como Premio Nobel de Literatura, 2010. No puedo parar de leerla. Tiene su aquél, ese embrujo literario capaz de abstraerte de la realidad y evocar, en sustitución, un sueño, una fantasía. "El sueño del celta", en este caso.
Se venderán más o menos, pero las letras castellanas son necesarias para entender, en su totalidad y complejidad, la literatura universal. Podríamos formar un círculo de debate y pasar las horas ensalzando las virguerías que escritores españoles han realizado con la pluma. O mencionando, simplemente, la descomunal cantidad de novelas, ensayos, poemas, autobiografías u obras de teatro que nuestros maestros han creado de su puño y letra. No nos interesa. Preferimos contarles cómo, en la literatura hispánica, los escritores latinoamericanos han sido los verdaderos referentes, los verdaderos artistas, desde la segunda mitad del siglo XX en adelante. Por extraño que parezca, en el mundo de hoy en día son los hijos de las colonias quienes colonizan con su talento el arte de escribir que, justamente comenzó a desarrollarse luego del descubrimiento de América. Es una tontería supina esto que les digo, pero es que esa obra de Vargas Llosa relata desde su lado más ópaco la vida del "mártir" irlandés que luchó contra el colonialismo en África. Sería gracioso que en el 2400 los niños británicos, a la vez que estudiasen a Stevenson o Arthur Conan Doyle, adorasen la prosa de narradores keniatas.
No es difícil convivir con ese legado. Pues, reconocer como propios a los intelectuales del otro lado del charco no supone ningún shock a la sociedad. De hecho, aumenta el patrimonio cultural, enriquece nuestra identidad mestiza. Pongo este ejemplo porque nadie ha llorado más que los españoles la muerte de García Márquez. Y nadie tiene en más alta estima al genio peruano. Será el país del Gran Hermano y el Sálvame, de las borracheras en Salou o en Ibiza, del fracaso escolar, de lo que quieran, pero a los eruditos, a los mitos del intelecto que siempre repudió una minoría los idolatra, los respeta, los lee, los acoge para sí. Esos españoles, ese ínfimo porcentaje de la sociedad, representa el progreso, el paso de página que el otro 99% debe avalar.
El colonialismo africano comparte con el americano el hecho de que forma parte de nuestro pasado y, como tal, debemos afrontarlo. Tras la barbarie existen pueblos que han renacido, que se han recompuesto, que, pese a que siguen vigentes las letales consecuencias de tan nocivo padecimiento, conviven. Conviven teniendo en cuenta su pasado, no avergonzándose de él: es imposible apartar algo inherente a su ser.
Sin esa madurez, tal vez en el Perú los indígenas aún vistieran taparrabos y portaran arco y flechas. Sin duda, en ese Perú nos lanzarían flechas envenenadas a los españoles.
Sin esa madurez, los miles de africanos que anualmente llegan al Viejo Continente en busca de un medio de subsistencia, lo haría, en lugar de con las mejores intenciones, armados y dispuestos a vengarse de lo que los colonos franceses, belgas o ingleses hicieron en sus tierras.
Sin esa madurez, Irlanda e Inglaterra seguirían hoy en guerra, los estudiantes alemanes no dedicarían su tiempo en las aulas a aprender -y aprehender- lo que fue el III. Reich, Sudáfrica se levantaría contra sus pobladores blancos.
Carentes de esa madurez, los yihadistas del IS siembran el terror en Irak y Siria.
España se encuentra en esa encrucijada. No sabe si aceptar el papel que le corresponde y revolver en un pasado enfangado o seguir sin asumir su responsabilidad histórica, viviendo en su burbuja de falsa comodidad. Casi cuarenta años después del fallecimiento de Francisco Franco su legado continúa presente. Que los responsables políticos de la dictadura hicieran vida política en democracia, que las familias del régimen sean un poderoso lobby gracias al enorme poder económico que amasaron, que conmemoraciones o monumentos no se hayan borrado del mapa, que la Iglesia no haya renunciado a su rancio papel y todavía legitime lo ocurrido, que alcaldes pagados por todos decoren su despacho público con imágenes del Caudillo, que la Jefatura del Estado sea tal y cómo la designó el Generalísimo, que no se haya dado voz a las víctimas, que se acalle a los críticos, no significa que la sociedad española haya olvidado los horrores o haya superado la dictadura.
¿Qué fue realmente lo que pasó? Casi cuatro décadas de tema tabú. Familias enemistadas desde la Guerra Civil, cuerpos inánimes que yacen en cunetas, miles de niños robados como si se trataran de cobre, crímenes que han de ser juzgados por una magistrada argentina, un revuelo insensato cada vez que se habla de ETA. Ése es el panorama que tenemos. La herida que aún permanece abierta es como el charco que nos separa de América, de Perú, de Vargas Llosa. Cerrar esa hendidura en el cuerpo social español parece una tarea tan imposible como drenar el Atlántico. Y, sin embargo, bastó "Cien años de soledad" para lograrlo.
Así que, llegado a este punto, los españoles solo tenemos dos opciones: superar el trance con cuarenta años de retraso, desclasificar nuestra memoria histórica, abrir y democratizar nuestro archivo del pasado.
O, por el contrario, elegir lo impuesto, vestir de Zara por encima de la camisa azul; vanagloriarse de la Constitución del 78, de la democracia moderna y de haber evitado otra Guerra Civil, a pesar de que el precio fuera cerrar los ojos y el corazón, ni ver ni sentir las injusticias que asolaron España de paredón a paredón, de cuneta a cuneta; justificar como "chiquilladas" que miembros de NNGG se fotografíen con el brazo en alto o que los nazis de Alianza Nacional, liderados por un septuagenario, asalten librerías.
Visto lo visto, cuando el Estado Islámico venga a reconquistar la tierra de sus abuelos, no habrá de qué preocuparse. En realidad, puede que no seamos tan diferentes.
viernes, 20 de junio de 2014
¡Claro que se puede!
Ni la más siniestra película gore daba tanto miedo como Madrid ayer por la tarde. La Gran Vía, toda emperifollada de orgullo patriótico, esperaba cortada, vacía, inerte, la proclamación del nuevo monarca de este reino que amenaza con hundirse. Algunos lo comparaban con los desfiles hitlerianos del Berlín de 1934. A lo que respondo que sí, que un aire se daba, que los nacionales parecían las SS, pero que en la Alemania del III Reich quienes organizaban esos colosales despliegues de exaltación patriótica no sacaban su capital del país con destino a paraísos fiscales.
No sé bien como responder ante esa fotografía. Si reír por lo ridículo de una celebración de ese tipo a estas alturas. Si llorar por la tristeza que emana esa arteria desoladora, perfecto reflejo de la situación del país: estática, inmóvil, hueca. Si reventar de indignación cuando se gastan millones de euros en engalanar la capital de rojigualda, cortar las calles a súbditos con menores derechos que el Rey -así lo estipula la Constitución- y desplegar un enorme efectivo policial que aplaste una concentración ilegal, aunque de nuevo la Constitución avale su legitimidad, mientras que más de dos millones de niños sufren malnutrición, cinco millones de adultos están desempleados y otro millón de jóvenes ha tenido que refugiarse en países europeos, víctimas del exilio económico.
viernes, 13 de junio de 2014
Segrectividad
Desde la noche de los tiempos, las distintas razas del género humano se han caracterizado por su pavor ante lo desconocido. La xenofobia que hoy achacamos a la tozudez e intolerancia de las mentes más cerradas también se daba en la Edad de Piedra entre tribus rivales. Solo el paso del tiempo, los progresos en el ámbito social, el remordimiento y la conciencia del daño causado con las barbaridades imperialistas y la apertura de las sociedades han logrado paliar ese fenómeno tan genuino, inherente de la condición humana, como el temor ante lo que se desconoce.
Eruditos, literatos, moderados, sabihondos y toda esa prole de intelectuales racionalistas han coincidido en que la única manera de hacer frente a los comportamientos xenófobos es apostando por el conocimiento. Lo que tiene su lógica: para evitar tener miedo a lo que uno desconoce, se aboga porque lo conozca, con lo cual, dejará de tenerlo. Sencillo.
Lo compartió, uno de los más expresivos narradores de la literatura española, Pío Baroja, cuando dijo aquello de "el carlismo se cura leyendo y el nacionalismo, viajando". Leer y viajar, al fin y al cabo, son dos magníficas fuentes de conocimiento y sabiduría.
Eruditos, literatos, moderados, sabihondos y toda esa prole de intelectuales racionalistas han coincidido en que la única manera de hacer frente a los comportamientos xenófobos es apostando por el conocimiento. Lo que tiene su lógica: para evitar tener miedo a lo que uno desconoce, se aboga porque lo conozca, con lo cual, dejará de tenerlo. Sencillo.
Lo compartió, uno de los más expresivos narradores de la literatura española, Pío Baroja, cuando dijo aquello de "el carlismo se cura leyendo y el nacionalismo, viajando". Leer y viajar, al fin y al cabo, son dos magníficas fuentes de conocimiento y sabiduría.
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martes, 27 de mayo de 2014
Europa es abstemia
Europa se despertó el domingo en medio de un delirium tremens1. Mitad por la resaca post-sábado noche, mitad por la resaca pre-elecciones europeas. En el computo global, podemos decir que Europa padece de síndrome de abstinencia: la abstención se situó en el 57%, y eso que es la primera vez que baja en los comicios europeos.
Cuando más de la mitad de la población tiene la posibilidad de elegir quien les representará en su máximo organismo supranacional y decide descartarla es que algo falla. Pueden incidir muchos factores: el descrédito de la casta política, la desesperanza ante una crisis asfixiante o la escasa importancia del Parlamento Europeo, siempre en manos del Consejo, o sea, siempre en manos del más poderoso; Alemania. Sea como fuere, la conclusión es una sola: con la abstención perdemos todos, pierde la democracia.
Cuando más de la mitad de la población tiene la posibilidad de elegir quien les representará en su máximo organismo supranacional y decide descartarla es que algo falla. Pueden incidir muchos factores: el descrédito de la casta política, la desesperanza ante una crisis asfixiante o la escasa importancia del Parlamento Europeo, siempre en manos del Consejo, o sea, siempre en manos del más poderoso; Alemania. Sea como fuere, la conclusión es una sola: con la abstención perdemos todos, pierde la democracia.
viernes, 2 de mayo de 2014
Mandamos nosotros
No soporto las injusticias. Supongo que es una patología común, algo que compartimos todos los integrantes de nuestra sociedad. O al menos, ese pacífico 99% -en el que muchas veces no queremos incluirnos, ya sea a modo de distinción de la poco distinguida masa o por simple y despreciable egoísmo- que es ultrajado diariamente y sin oponer resistencia por el 1% restante de sus congéneres. De todos modos, pueden estar tranquilos, ya que hoy no he venido a analizar esa enfermedad rara que se extiende como las esporas en nuestra sociedad: la del inmovilismo apolítico.
Está bien, soy yo quien se ha inventado esa afección. Debe de ser la misma pedantería que me empuja a escribir semanalmente en este recóndito rincón de la red la que así mismo me incita a inventar palabras, y en el caso más insólito como éste, a imaginar -o tal vez descubrir- dolencias.
Está bien, soy yo quien se ha inventado esa afección. Debe de ser la misma pedantería que me empuja a escribir semanalmente en este recóndito rincón de la red la que así mismo me incita a inventar palabras, y en el caso más insólito como éste, a imaginar -o tal vez descubrir- dolencias.
viernes, 11 de abril de 2014
Paz con razón
Faltan tres días para que se conmemore el 83 aniversario de la proclamación de la Segunda República. Tres días. Tres días que pueden dar para mucho. Por ejemplo, para que la Comunión Tradicionalista asesine a José del Castillo, y sus compañeros venguen su muerte con la de José Calvo Sotelo. Ya en su entierro se vaticinaba lo que iba a pasar. "Consagrar nuestra vida a esta triple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a España".
Tres días después del seplio, en Melilla, comenzaba el golpe de Estado que derrocaría todo Gobierno de libertad y equidad. Al caer la noche, el primer sublevado contra la sublevación caía, fusilado. Era el general Romerales, la primera víctima de la Cruzada Nacional.
Tres días después del seplio, en Melilla, comenzaba el golpe de Estado que derrocaría todo Gobierno de libertad y equidad. Al caer la noche, el primer sublevado contra la sublevación caía, fusilado. Era el general Romerales, la primera víctima de la Cruzada Nacional.
viernes, 14 de marzo de 2014
Sic semper tyrannis
Si les digo Charles Louis de Secondat, probablemente les suene a chino. Bueno, a francés. Caerán en la cuenta de quien es cuando revele su identidad pública, la de Barón de Montesquieu. Aquel famoso bordelés cercano al ideal empirista de John Locke fue el primero en poner voz, y pluma, a la separación de poderes que, pese a que damos por descontada, tanta sangre, tantas decepciones y tanta brega ha costado conseguir.
viernes, 24 de enero de 2014
Ecce homo
"Y salió Jesús llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!" Evangelio de Juan (19:5). Ecce homo1 es la traducción que la vulgata latina dio a este pasaje. En él se muestra a Poncio Pilato, el gobernador de Judea, arrojando a Jesús a la masa hostil que pretende ajusticiarlo, mientras el hombre poderoso se lava las manos. Este relato, por pura estadística -la biblia es el libro más vendido de la historia-, debe de haberse leído muchas más veces que cualquier fábula de Hesíodo, Esopo u Horacio o tragedia de Shakespeare.
viernes, 17 de enero de 2014
La revolución de las azadas
Nada de lo que en España ocurre puede entenderse. Ni la más metódica capacidad analítica sirve para explicar tales vaivenes, para esclarecer las causas de una sociedad tan desequilibrada que amenaza con descarrilar. Porque no, tampoco acertamos construyendo raíles. Intentamos cimentar la economía con una red ferroviaria que, en vez de llevarnos al auge, al boom, hizo explotar las arcas públicas. "Boom", ya no había dinero.
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viernes, 3 de enero de 2014
Otro año de mierda en este puto mundo
Tiene gracia el asunto. Hoy os voy a hablar sobre un libro que ni siquiera he leído. Cómo está el patio. Bueno, en realidad es porque he visto la película. Se titula "La vida de Flynn", y sin ser una obra maestra, sirve para descubrir a un prometedor Paul Dano y disfrutar, una vez más, del incombustible Robert de Niro. Supongo que ya habrán deducido que es una adaptación de la mencionada novela, que a su vez, está basada en hechos reales, o sea, que se trata de una narración autobiográfica. Ah, no les he dicho aún el nombre. "Otra noche de mierda en esta puta ciudad", de Nick Flynn.
viernes, 13 de diciembre de 2013
Dulce Navidad
Supongo que habremos llegado ya al ecuador de las Navidades. Supongo también que a ustedes les pasa como a mí, y no tienen ni idea de cuando empiezan ni dejan de empezar. Cada año vienen antes, eso es cierto. Las tímidas y penosas luces colocadas del modo más cutre posible en nuestras calles y los catálogos de El Corte Inglés son un pequeño anticipo. Después llega el segundo plato: latosos anuncios de jugueteras, cuyos publicistas deberían ser encarcelados por tan execrables campañas. El postre lo disfrutarán sus tarjetas de crédito durante la temida cuesta de Enero, aunque este año venga sin cartucheras -toca ahorrar hasta en grasa corporal-.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Costumbres y Marca España
Ya no lo puedo soportar. No aguanto más. Esos pitidos insoportables que hieren mis oídos van a acabar conmigo. Estoy harto indignado con los medios de comunicación. Una noticia más sobre el final de la recesión y la masacre de Adam Lanza1 tendrá lugar, más mortífera y sangrienta esta vez, en la sede del Grupo Prisa.
viernes, 22 de noviembre de 2013
Sin título: crónica de una democracia interrumpida
Corría el 17 de septiembre de 1868 cuando el brigadier Juan Bautista Topete se sublevó junto a las tropas bajo su mando en la ciudad de Cádiz. El objetivo, destronar a la monarca Isabel II y desterrar a los Borbones. De este modo, se dio pie a la enésima revolución que se sucedía en España durante el siglo XIX, esta vez, en cambio, con un mayor apoyo popular, sobre todo, por parte de la pequeña burguesía y de las clases más humildes. No en vano, la insurrección fue bautizada como "La Gloriosa", reflejando a un pueblo ávido de una reestructuración social, económica y política. Así pues, el 6 de junio del año próximo se promulgó la primera Constitución democrática en la historia de España. Aquella, la del 69, no solo dio comienzo al espinoso y laberíntico trayecto de la Democracia, sino que recogió, también por vez primera, derechos y libertades tan fundamentales como el de huelga o reunión, ésos que indican la salud real, no nominal, de un régimen político.
viernes, 15 de noviembre de 2013
La falacia del temor
Fue en la segunda mitad del siglo XVIII, pero sobre todo, a lo largo del XIX, cuando el curso de la historia humana cambió para siempre. Nos preparábamos, entonces, para la mayor transformación que nuestro planeta había sufrido desde el neolítico. El silencioso curso que parcial e injusto, aunque beneficioso, se estaba llevando a cabo, se frenó de golpe. El embrión que había engendrado sufriría una metamorfosis dañina, que acabaría matando al creador. Un asesino caín que, sin embargo, resultó ser el padre de la civilización que hoy nos acoge con un felpudo que dice: "bienvenidos a la república independiente de mi casa".
viernes, 4 de octubre de 2013
Oda al olvidado
Justamente hoy, se cumple un mes desde que el periodista Marc Marginedas fuera secuestrado en la ciudad siria de Hama. El reportero de "El Periódico" un tipo "psicológicamente fuerte"1, según lo define su director Enric Hernández, no es ni mucho menos, un novato en estas lides. Enviado especial a zonas de conflicto, generalmente, a Oriente Medio, es un gran conocedor del mundo islámico, no en vano, ha trabajado durante más de 15 años entre bandos enemigos. Autor de un sobresaliente libro, "Periodismo en el campo de batalla" y especialmente crítico con la manipulación informativa, Marc forma parte de ese colectivo de reporteros de guerra que malvive o malvivió en España: personas que arriesgan la vida por contar la crueldad a su manera. Adictos a la adrenalina. Tenaces. Luchadores. De principios fijos e innegociables. En ellos habita el último atisbo de esperanza. La oportunidad de construir una sociedad ecuánime; de transformar el sadismo en paz. Hombres y mujeres como Ramón Lobo, Gervasio Sánchez, Arturo Pérez-Reverte, Mayte Carrasco, Ángel Sastre, David Jiménez, Javier Fernández Arribas, Manu Brabo, Jon Sistiaga, Sergi Cabeza o el fallecido José Couso. Territorios hóstiles como Afganistán, Kosovo, Chechenia, los Balcanes, Iraq, Libia o Siria.
Un deseo afín: Justicia.
Un deseo afín: Justicia.
martes, 10 de septiembre de 2013
Doctrina concertada
España es uno de los países de la UE que más inmigración recibe. Pura estadística. Que aquí residen muchas personas extranjeras es un hecho innegable, como que ellos contribuyen al mestizaje que se da en las aulas de las escuelas públicas. Que el modelo por el que se haya apostado sea más multicultural, y por lo tanto marginal, que intercultural es otro tema. Como el intento, por parte del ministro Wert, de imponer contenidos emborronados por la liberal basura ideológica, cuya única misión es la de contaminar los pensamientos propios de los jóvenes y enfrentar al alumnado. Aun así, por raro que parezca, no vamos a dedicar nuestro preciado tiempo a la educación pública, aunque desde luego lo merezca, sino a tratar el espinoso asunto de los colegios concertados.
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