Faltan tres días para que se conmemore el 83 aniversario de la proclamación de la Segunda República. Tres días. Tres días que pueden dar para mucho. Por ejemplo, para que la Comunión Tradicionalista asesine a José del Castillo, y sus compañeros venguen su muerte con la de José Calvo Sotelo. Ya en su entierro se vaticinaba lo que iba a pasar. "Consagrar nuestra vida a esta triple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a España".
Tres días después del seplio, en Melilla, comenzaba el golpe de Estado que derrocaría todo Gobierno de libertad y equidad. Al caer la noche, el primer sublevado contra la sublevación caía, fusilado. Era el general Romerales, la primera víctima de la Cruzada Nacional.
Twitter sirve para muchas cosas. Es una especie de bar en la red, en el que tres días dan para mucho. Tres días. Precisamente hace tres días debatíamos, medio en guasa medio en serio, sobre la paz y la razón. Pónganse en situación: es, a veces, mejor tener paz, que tener la razón?
Paz y razón son términos complementarios. El uno puede vivir sin el otro, y viceversa, pero cuando ambos van de la mano completan el significado del otro. La razón ha de conducir a la paz y, por consiguiente, a la justicia social, a la igualdad, a la emancipación del sujeto humano. En cambio, cuando en aras de que prevalezca la paz gobierna la sinrazón, se cae (in)justamente en lo contrario: parcialidad, arbitrariedad, desigualdades sociales, esclavitud de la persona. Totalitarismo, en resumen. ¿Conviene sacrificar la razón, entonces, por vivir en paz?
Hace tres días, un político barcelonés, nieto de un católico republicano, ofrecía su primer discurso como Primer Ministro ante la Asamblea Nacional. En el país vecino, el que siempre alardea de su espíritu patriota, de su lucha contra el nazismo -se olvidan del Gobierno colaboracionista de Vichy, que duró hasta el desembarco de Normandía-, del populista De Gaulle, de su nivel cultural, de su educación y de su gastronomía, un español perorando en las Cortes. Francia, gobernada por un español.
Tres días. Tres días pueden cambiar la vida de Calvo Sotelo o José del Castillo, la de Franco o Mola, la de Azaña o Casares Quiroga, y hasta la de Manuel Valls. A dónde yo quiero llegar, pese a que doy más vueltas que las radiales de Madrid, es que Francia no es el único país chauvinista. España, verbigracia, jamás hubiera aceptado a Ayrault como Presidente del Gobierno. Son pequeñas diferencias que marcan la diferencia.
Por muy sublimes que nos pongamos a la hora de alabar lo extranjero, España es un país chauvinista donde los haya. Nos cagamos en nuestro destino y en nuestro Rey y en nuestra bandera y en la policía y en la Transición y en la democracia y en el PSOE y en el PP y en todo lo que tenga que ver con una nación decadente y decrépita, empero apedrearíamos al galo si apareciese en el Congreso. Así de amables somos por aquí.
La historia, ese libro abierto del que mama cualquier argumentación, nos da la razón, que no la paz. España se ha pegado contra todo el mundo, ha matado aquí y allá, ha asaltado fronteras, ha hecho frente a reyes y emperadores, se ha revelado contra los invasores. España, puede que al final sí, sea víctima de una conspiración mundial contra su estabilidad. O quizás, hayamos inventado un complot supranacional para justificar nuestro disfraz de víctimas.
Lejos quedan los califatos y el esplendor de Córdoba o Granada. Lejos queda la América que conquistamos, desfloramos y explotamos. Lejos quedan Breda o Rocroi, con sus borsalinos embarrados y sus tizonas manchadas de sangre hereje. Lejos queda el dos de mayo, la brecha y la independencia ante el mismísimo Napoleón Bonaparte. Incluso queda lejos Marruecos, que tan poco nos dio y tanto nos quitó.
No obstante, nunca hemos conseguido arreglárnoslas por nuestra cuenta. Luchamos codo con codo contra la amenaza foránea, nos aliamos para expandir nuestro territorio, bregamos unidos por nuestras creencias y aun así, no nos han hecho falta excusas para matarnos por los mismo motivos: por extranjeros, por impíos o por conquistarnos los unos a los otros. Castilla contra Navarra, Aragón contra Castilla, liberales contra absolutistas, absolutistas contra liberales. Por la sucesión del trono o por "re-instaurar el orden público", a base de armas huelga decirlo.
Nos hemos ajusticiado por a o por b, por blanco o por negro, por Borbones o Austrias, por republicanos o nacionales. Sin embargo, no hemos sido capaces de instaurar la Justicia.
Cuando llegó la República, por fin llego la razón. Tenía razón cuando despidió a Alfonso XIII tras las elecciones municipales, cuando encarceló al traidor Sanjurjo, cuando se revolucionó en Asturias contra el gobierno radical-cedista, cuando venció el Frente Popular, cuando distribuyó la tierra entre el campesinado, cuando Giral repartió armas al pueblo. Tenía la razón, y por cinco años, llegó a tener la paz.
Al final, la Cruzada -en eso los españoles somos cojonudos- acabó por quitarles definitivamente la paz, y la razón.
España recuperó la paz el primero de abril de 1939, pero nunca recuperó una razón que se quedó por el camino en el 36. España vivió callada, tranquila y en paz, la miseria y las penurias de la posguerra, el hambre de la autarquía, el dinero del desarrollismo, la esperanza de la Transición, la modernización de la entrada en Europa, la violencia en Atocha, la comodidad de la burbuja. España vivió callada desde que perdió una razón, que por mucho que se empeñen no ha recuperado.
España ha vivido tranquila y en paz, el paro, las huelgas, los desahucios, la desigualdad, la corrupción, los suicidios, el abuso de poder, la violencia policial, la explotación laboral, la privatización de su bienestar.
Hasta que hace tres días, España perdió la razón.
España no tiene razón, pero vive en paz.
España vive en paz, pero ya no calla.
España ya no calla, porque, en tres días, quiere recuperar la razón.
Mosca cojonera en la red, mosca polémica. Dijo Baroja, "el nacionalismo se cura viajando y el carlismo leyendo". Desde qué lo escuché, viajo y leo. Lo llaman democracia y no lo es. Los artículos no están completos. Si están interesados en alguno, hagan clic en la pestaña "seguir leyendo". Así, me harán el favor de poder contabilizar las visitas en cada entrada.
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