Dijo Salvador Allende, "la historia es nuestra y la hacen los pueblos". Esa cita mágica, epitafio del último sueño de justicia social que vivió Chile, y que ya forma parte de la historia que quiso reescribir, no obstante, no es sino un deseo ilusorio, pues como todos sabemos, la historia la escriben los ganadores y, por desgracia, el pueblo acostumbra a salir derrotado, no victorioso. Aun y todo, en ocasiones el pueblo, "matagigantes" en su expresión más organizada y conjunta, se alza contra el ignominioso yugo que lo asfixia, tomando así el plumero y el papel y haciendo válidas y ciertas aquellas palabras que, en su día, ante el ominoso final que le esperaba, pronunció un legítimo socialista desde el Palacio de la Moneda.
Aun así, es un hecho innegable que la Historia de la Humanidad no es más que el relato de una lucha bifronte: entre el pueblo, amplio en número y estrecho en poder, y la aristocracia, pequeña en número pero demasiado grande en poder. Durante el transcurso de esta epopeya maravillosa, el pueblo, esa mayoría en minoría, ha ido poco a poco arrebatando a la minoría en mayoría, su espacio ingente, conquistando, con su voluntad incontestable, con su unión inquebrantable, paso a paso, el trono de los poderosos y secularizando, a su vez, dicho trono.
Mosca cojonera en la red, mosca polémica. Dijo Baroja, "el nacionalismo se cura viajando y el carlismo leyendo". Desde qué lo escuché, viajo y leo. Lo llaman democracia y no lo es. Los artículos no están completos. Si están interesados en alguno, hagan clic en la pestaña "seguir leyendo". Así, me harán el favor de poder contabilizar las visitas en cada entrada.
Mostrando entradas con la etiqueta abusos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abusos. Mostrar todas las entradas
sábado, 31 de enero de 2015
El día del pueblo
Etiquetas:
2015,
abusos,
conciencia obrera,
crisis,
democracia,
España,
historia,
historia política,
Madrid,
Pablo Iglesias,
Podemos,
política,
socialismo,
sociedad
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Vallecas
Hay lugares en el mundo que son mucho más que eso. No es un eslogan publicitario, tampoco el reclamo comercial de una agencia de viajes. Hablo de lugares que nada tienen que ver con la belleza -al menos con sus cánones establecidos-, con la acumulación de artistas, con la bohemia o con el desarrollo económico. Son lugares dónde el gris de su paisaje, la lobreguez de sus calles o la humildad de sus edificios no distorsionan su esencia. Lugares dónde es el paisanaje el principal protagonista: artífice y a la vez intérprete de su propia historia. Lugares incapaces de pasar desapercibidos. Lugares vivos. Lugares que no dejan indiferente a nadie. Lugares cuya identidad va más allá que la de cualquier otro lugar, por bello u opulento que sea.
Uno de los efectos más salvajes de las recesiones económicas, entendidas como depresiones severas que suponen algo más que un simple ciclo sistémico, es su expansión hacia otros apartados de la realidad social. Se denominan crisis porque hacen tambalear el sistema en su conjunto, provocando cambios sustanciales en la manera de entender lo que nos rodea. La recesión que empezó en 2008, por consiguiente, ha tenido efectos depredadores en todos los ámbitos: social, político, cultural, moral. Lo que diferencia estos lugares del resto es que cuando la voracidad de la crisis golpea, esos lazos sociales, esos valores morales en los que firmemente creen se ven reforzados en vez de destruidos.
Uno de los efectos más salvajes de las recesiones económicas, entendidas como depresiones severas que suponen algo más que un simple ciclo sistémico, es su expansión hacia otros apartados de la realidad social. Se denominan crisis porque hacen tambalear el sistema en su conjunto, provocando cambios sustanciales en la manera de entender lo que nos rodea. La recesión que empezó en 2008, por consiguiente, ha tenido efectos depredadores en todos los ámbitos: social, político, cultural, moral. Lo que diferencia estos lugares del resto es que cuando la voracidad de la crisis golpea, esos lazos sociales, esos valores morales en los que firmemente creen se ven reforzados en vez de destruidos.
martes, 11 de noviembre de 2014
Bisturí
En los países islámicos dónde se aplica la ley sharia se mantienen vigentes macabras costumbres jurídicas como la de cortar la mano al autor de un robo. Desde luego, esas normas son, brutales, además de absurdas, desproporcionadas y técnicamente anticuadas, pues, en la mayoría de los casos se emplean instrumentos como hachas o machetes, se deniega atención médica al ladrón y el castigo se efectúa de cara a un público que jalea la tortura sobre el presunto culpable.
En los países occidentales, en los que presuntamente reina la paz social, la armonía y el civismo, el robo es, probablemente, el delito peor regulado del código penal. En España, la ineficaz diferenciación entre hurto y robo, por ejemplo, apenas sancionaba a quienes sustrajeran bienes de un valor inferior a 400€. Tampoco existen medidas que repriman con la dureza necesaria la sucesión de ese tipo de actos delictivos, con lo que han proliferado en las grandes ciudades los delincuentes con múltiples antecedentes y pequeñas penas que, aprovechándose de la benignidad de nuestro sistema jurídico, viven -literalmente- de mangar todo lo que les viene en gana.
De manera paradójica, llegan a nuestros oídos condenas ejemplares por afanar simples boberías, como la de Emilia, una joven madre valenciana que ingresó en prisión por gastar 193€ de una tarjeta que encontró para pagar pañales y comida.1
La propiedad privada, como ven, se protege de una manera un tanto curiosa en España.
viernes, 12 de septiembre de 2014
Botín
Cinco jóvenes se juntan en el parque de una gran ciudad de nuestra geografía. Es viernes por la tarde: el radiante sol incendia la urbe que está cubierta de fino polvo gris y de una etérea marea de contaminación imperceptible. Ajenos a todo esto, los chavales conversan en tono animado. Dos de ellos cursan carreras en una universidad pública de prestigio. Otros dos, peleados con los libros o las matemáticas, se decantaron por la formación profesional. El último, como esa quinta parte de jóvenes españoles1, ni estudia ni trabaja. Colegas desde la infancia, han quedado en su lugar habitual, en el epicentro de su barrio incendiado, recubierto de polvo y polución. Se pasan un buen rato discutiendo sobre qué hacer por la noche.
-A mí People no me gusta, tronco.
-Pues vamos a Budha, hace dos semanas nos pegamos el fiestón.
Y una vez decidida la discoteca, acuerdan qué beberán: dos botellas de ron y una de ginebra, todo de marca blanca. Uno del grupo osó proponer comprar Beefeater. "No hay chasta", le respondieron casi al unísono.
Para adquirir los ingredientes que luego mezclarán, todos han puesto cinco euros. Nadie se escaquea. En cuanto el consejo dictamina el brebaje, sus componentes echan mano al bolsillo para abonar la cuota correspondiente. Las porciones son totalmente equitativas. Pero, si alguien no ha sido capaz de recabar el dinero, otro compañero pagará su parte, y la deuda quedará saldada la siguiente vez que salgan de fiesta. Sencillo.
Como en toda sociedad, la cuadrilla está formada por personas completamente distintas, con ideales antagónicos, necesidades y deseos enfrentados, gustos diversos y preferencias dispares. No obstante, su funcionamiento no se ve entorpecido por este motivo, sino que
gana en riqueza y versatilidad, al estar compuesto por miembros con múltiples habilidades.
A mayor escala, las normas claras y lógicas que rigen esa comunidad, normas que todos los individuos compartimos, normas acuñadas ya en la Prehistoria, normas basadas en el diálogo, en el debate, en el consenso, son normas quebrantadas, normas inválidas e ineficaces; papel mojado.
¿Existe acaso el debate en el Congreso? ¿Se trata de resolver problemas mediante el diálogo como los jóvenes alcohólicos del parque? ¿Se reparte equitativamente el peso de mantener el sistema público? ¿No rehuyen sus responsabilidades tributarias precisamente
aquellos que no tienen dificultades para hacerlas frente?
En un contexto bien distinto, Hannah Arendt habló por primera vez acerca de la banalidad del mal. Ese hecho es pieza básica del aparato del Estado: el mal ha sido despenalizado. No del todo, claro está. Solo los actos físicos contrarios al orden mantienen su carácter perverso. Por un lado, la sociedad pide vísceras: asesinatos enfermizos y horribles, violencia machista, crímenes ideológicos. Son el sustitutivo del terrorismo en la sociedad del espectáculo. En cambio, éstos escapan al control de la gente. Son hechos de la peor calaña, que en nuestro código moral no tienen cabida hoy, como tampoco lo tuvieron hace muchos años.
A alguien hay que colgar. Es demasiado obvio hacerlo con el violador, con el psicópata que goza descuartizando, con el neo-nazi. Para esos casos, que la Justicia haga su labor.
Quiere saciar su sed de sangre, y la masa encuentra un oasis en el "vandalismo". Piquetes informativos, pintadas, destrozo de sucursales. Incluso algo tan insignificante como el botellón equivale al asesinato de Lennon. Ellos son los nuevos herejes. Vándalos sin valores, seres abominables que no respeten nada. "No me extraña que uno de cada dos jóvenes esté en paro si se pasan el día emborrachándose".
La banalización del mal tiene dos vertientes. Por un lado, se censuran actividades banales. Por otro, se tornan banales actividades censurables. En la institución que debería representar a la ciudadanía española, en vez del discurso, se usa la ofensa y la fuerza para imponer decisiones. Muchos de sus miembros, con importantes recursos económicos eluden sus obligaciones fiscales, colocando lo conseguido con su salario pagado por el resto lejos del alcance de éstos. Para colmo, les sale más barato tomar unas copas en el Congreso que a los muchachos en los bares.
En "El árbol de la Ciencia", Baroja relata como el pueblo ve con peores ojos que un individuo robe a otro, a que uno solo robe a todos. Aquel libro vio la luz en 1911, y retrataba la sociedad española de finales del XIX. Ciento diez años de evolución y aún seguimos en las mismas: llorando por los culpables y defenestrando a los inocentes. Pero no se preocupen, antes de morir, en 2012, el ladrón entregó su botín: 200 millones de euros ocultos a la Hacienda española. Era heredero, corrupto y banquero. Las tres palabras clave en la España de los botines.
NOTAS:
1-Un 23,7% de jóvenes españoles no estudiaba ni trabajaba en el año 2010. De hecho, los expertos creen que este número podría haberse incrementado en los últimos cuatro años. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/11/actualidad/1347351489_459628.html*
*El enlace es de Septiembre de 2012
-A mí People no me gusta, tronco.
-Pues vamos a Budha, hace dos semanas nos pegamos el fiestón.
Y una vez decidida la discoteca, acuerdan qué beberán: dos botellas de ron y una de ginebra, todo de marca blanca. Uno del grupo osó proponer comprar Beefeater. "No hay chasta", le respondieron casi al unísono.
Para adquirir los ingredientes que luego mezclarán, todos han puesto cinco euros. Nadie se escaquea. En cuanto el consejo dictamina el brebaje, sus componentes echan mano al bolsillo para abonar la cuota correspondiente. Las porciones son totalmente equitativas. Pero, si alguien no ha sido capaz de recabar el dinero, otro compañero pagará su parte, y la deuda quedará saldada la siguiente vez que salgan de fiesta. Sencillo.
Como en toda sociedad, la cuadrilla está formada por personas completamente distintas, con ideales antagónicos, necesidades y deseos enfrentados, gustos diversos y preferencias dispares. No obstante, su funcionamiento no se ve entorpecido por este motivo, sino que
gana en riqueza y versatilidad, al estar compuesto por miembros con múltiples habilidades.
A mayor escala, las normas claras y lógicas que rigen esa comunidad, normas que todos los individuos compartimos, normas acuñadas ya en la Prehistoria, normas basadas en el diálogo, en el debate, en el consenso, son normas quebrantadas, normas inválidas e ineficaces; papel mojado.
¿Existe acaso el debate en el Congreso? ¿Se trata de resolver problemas mediante el diálogo como los jóvenes alcohólicos del parque? ¿Se reparte equitativamente el peso de mantener el sistema público? ¿No rehuyen sus responsabilidades tributarias precisamente
aquellos que no tienen dificultades para hacerlas frente?
En un contexto bien distinto, Hannah Arendt habló por primera vez acerca de la banalidad del mal. Ese hecho es pieza básica del aparato del Estado: el mal ha sido despenalizado. No del todo, claro está. Solo los actos físicos contrarios al orden mantienen su carácter perverso. Por un lado, la sociedad pide vísceras: asesinatos enfermizos y horribles, violencia machista, crímenes ideológicos. Son el sustitutivo del terrorismo en la sociedad del espectáculo. En cambio, éstos escapan al control de la gente. Son hechos de la peor calaña, que en nuestro código moral no tienen cabida hoy, como tampoco lo tuvieron hace muchos años.
A alguien hay que colgar. Es demasiado obvio hacerlo con el violador, con el psicópata que goza descuartizando, con el neo-nazi. Para esos casos, que la Justicia haga su labor.
Quiere saciar su sed de sangre, y la masa encuentra un oasis en el "vandalismo". Piquetes informativos, pintadas, destrozo de sucursales. Incluso algo tan insignificante como el botellón equivale al asesinato de Lennon. Ellos son los nuevos herejes. Vándalos sin valores, seres abominables que no respeten nada. "No me extraña que uno de cada dos jóvenes esté en paro si se pasan el día emborrachándose".
La banalización del mal tiene dos vertientes. Por un lado, se censuran actividades banales. Por otro, se tornan banales actividades censurables. En la institución que debería representar a la ciudadanía española, en vez del discurso, se usa la ofensa y la fuerza para imponer decisiones. Muchos de sus miembros, con importantes recursos económicos eluden sus obligaciones fiscales, colocando lo conseguido con su salario pagado por el resto lejos del alcance de éstos. Para colmo, les sale más barato tomar unas copas en el Congreso que a los muchachos en los bares.
En "El árbol de la Ciencia", Baroja relata como el pueblo ve con peores ojos que un individuo robe a otro, a que uno solo robe a todos. Aquel libro vio la luz en 1911, y retrataba la sociedad española de finales del XIX. Ciento diez años de evolución y aún seguimos en las mismas: llorando por los culpables y defenestrando a los inocentes. Pero no se preocupen, antes de morir, en 2012, el ladrón entregó su botín: 200 millones de euros ocultos a la Hacienda española. Era heredero, corrupto y banquero. Las tres palabras clave en la España de los botines.
NOTAS:
1-Un 23,7% de jóvenes españoles no estudiaba ni trabajaba en el año 2010. De hecho, los expertos creen que este número podría haberse incrementado en los últimos cuatro años. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/11/actualidad/1347351489_459628.html*
*El enlace es de Septiembre de 2012
viernes, 22 de agosto de 2014
Crisis
Hace unos años la palabra crisis recordaba a una de tantas megaproducciones cinematográficas apocalípticas en las que la destrucción total amenazaba nuestro planeta y en las que un musculado guaperas y una rubia voluptuosa eran la última esperanza para salvar a la Humanidad, tarea que siempre resolvían con éxito. Hoy en día, aunque Zapatero se resistiese a pronunciarla, tal vez para evitar el desastre de la Tierra, se ha ganado por derecho propio un lugar especial en nuestro vocabulario. Nos abotarga escucharla a diario, ya sea en prensa escrita o en televisión, en las tertulias de los cafés o en suplementos publicitarios. Estamos hasta los cojones de la maldita palabreja, la espada de Damocles que se cierne sobre cualquier intelecto sano, o medio sano. No obstante, resulta cómico como insignes personajes hacen cábalas acerca de su duración o lanzan propuestas como si fueran curanderos de pueblo, haciendo honor a ese programa de Canal +, "Ilustres ignorantes".
lunes, 30 de junio de 2014
Los medios justifican los medios
No hay día en que algún medio de comunicación no publique, o bien en sus portadas, o bien en sus páginas principales, una pseudonoticia completamente contrastada sobre Podemos y sus vínculos con el ETA, el chavismo, Irán, los Testigos de Jehová, Boko Haram y el toro que mató a Manolete. El resumen lo posteaba hoy un usuario en Twitter: "¿Se ha planteado Podemos como vía de financiación demandas por calumnias?". Lo apuntado en tono jocoso es una opción factible, teniendo en cuenta la ingente cantidad de barbaridades que se han imprimido en las últimas semanas.
viernes, 13 de junio de 2014
Segrectividad
Desde la noche de los tiempos, las distintas razas del género humano se han caracterizado por su pavor ante lo desconocido. La xenofobia que hoy achacamos a la tozudez e intolerancia de las mentes más cerradas también se daba en la Edad de Piedra entre tribus rivales. Solo el paso del tiempo, los progresos en el ámbito social, el remordimiento y la conciencia del daño causado con las barbaridades imperialistas y la apertura de las sociedades han logrado paliar ese fenómeno tan genuino, inherente de la condición humana, como el temor ante lo que se desconoce.
Eruditos, literatos, moderados, sabihondos y toda esa prole de intelectuales racionalistas han coincidido en que la única manera de hacer frente a los comportamientos xenófobos es apostando por el conocimiento. Lo que tiene su lógica: para evitar tener miedo a lo que uno desconoce, se aboga porque lo conozca, con lo cual, dejará de tenerlo. Sencillo.
Lo compartió, uno de los más expresivos narradores de la literatura española, Pío Baroja, cuando dijo aquello de "el carlismo se cura leyendo y el nacionalismo, viajando". Leer y viajar, al fin y al cabo, son dos magníficas fuentes de conocimiento y sabiduría.
Eruditos, literatos, moderados, sabihondos y toda esa prole de intelectuales racionalistas han coincidido en que la única manera de hacer frente a los comportamientos xenófobos es apostando por el conocimiento. Lo que tiene su lógica: para evitar tener miedo a lo que uno desconoce, se aboga porque lo conozca, con lo cual, dejará de tenerlo. Sencillo.
Lo compartió, uno de los más expresivos narradores de la literatura española, Pío Baroja, cuando dijo aquello de "el carlismo se cura leyendo y el nacionalismo, viajando". Leer y viajar, al fin y al cabo, son dos magníficas fuentes de conocimiento y sabiduría.
Etiquetas:
abusos,
Catalunya,
conocimiento,
corrupción,
crítica social,
cultura,
denuncia,
dictadura,
educación,
España,
Europa,
franquismo,
historia,
historia política,
nacionalismos,
política,
segregación
viernes, 2 de mayo de 2014
Mandamos nosotros
No soporto las injusticias. Supongo que es una patología común, algo que compartimos todos los integrantes de nuestra sociedad. O al menos, ese pacífico 99% -en el que muchas veces no queremos incluirnos, ya sea a modo de distinción de la poco distinguida masa o por simple y despreciable egoísmo- que es ultrajado diariamente y sin oponer resistencia por el 1% restante de sus congéneres. De todos modos, pueden estar tranquilos, ya que hoy no he venido a analizar esa enfermedad rara que se extiende como las esporas en nuestra sociedad: la del inmovilismo apolítico.
Está bien, soy yo quien se ha inventado esa afección. Debe de ser la misma pedantería que me empuja a escribir semanalmente en este recóndito rincón de la red la que así mismo me incita a inventar palabras, y en el caso más insólito como éste, a imaginar -o tal vez descubrir- dolencias.
Está bien, soy yo quien se ha inventado esa afección. Debe de ser la misma pedantería que me empuja a escribir semanalmente en este recóndito rincón de la red la que así mismo me incita a inventar palabras, y en el caso más insólito como éste, a imaginar -o tal vez descubrir- dolencias.
viernes, 11 de abril de 2014
Paz con razón
Faltan tres días para que se conmemore el 83 aniversario de la proclamación de la Segunda República. Tres días. Tres días que pueden dar para mucho. Por ejemplo, para que la Comunión Tradicionalista asesine a José del Castillo, y sus compañeros venguen su muerte con la de José Calvo Sotelo. Ya en su entierro se vaticinaba lo que iba a pasar. "Consagrar nuestra vida a esta triple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a España".
Tres días después del seplio, en Melilla, comenzaba el golpe de Estado que derrocaría todo Gobierno de libertad y equidad. Al caer la noche, el primer sublevado contra la sublevación caía, fusilado. Era el general Romerales, la primera víctima de la Cruzada Nacional.
Tres días después del seplio, en Melilla, comenzaba el golpe de Estado que derrocaría todo Gobierno de libertad y equidad. Al caer la noche, el primer sublevado contra la sublevación caía, fusilado. Era el general Romerales, la primera víctima de la Cruzada Nacional.
sábado, 15 de febrero de 2014
Blanco y negro
El pasado jueves 6 de febrero, se calcula que 14 inmigrantes -ni siquiera se conoce la cantidad exacta, pues la mar sigue escupiendo cuerpos sobre las playas ceutíes- perecieron al intentar cruzar la frontera del Tarajal y penetrar en España. En el día de ayer, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado "tuvieron que" cerrar el puesto fronterizo de Beni Enzar, el principal de los que unen Melilla con Marruecos, ante el intento de decenas de inmigrantes sirios de entrar en la ciudad autónoma. Sirios desplazados por una guerra que Occidente fomenta y contribuye a su prolongación. Además de los oscuros negocios con ambos bandos, su participación se ha limitado a la destrucción de las armas químicas, no "proceso de paz" como ciertos medios han querido que se le denomine. Es decir, a la reducción armamentística de un potencial enemigo del orden internacional establecido, al mismo tiempo que copan primeras planas por su desinteresada cooperación en el conflicto bélico, como si de los Aliados confrontados con las Potencias del Eje se tratase. O lo que es lo mismo, a matar dos pájaros de un tiro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)