No se sabe exactamente qué día nació Heliodoro Villar. Jamás lo reveló, ni tampoco su familia. Ni siquiera se conoce la fecha de su muerte. Lo único cierto es que vino al mundo en 1914 y lo dejó en 2006, casi un siglo después. Muchos lustros entre bípedos desagradecidos, que diría Dostoievski, y a los que Cervantes, aunque murió de viejo, no acabo de comprender, por ser cada individuo una variedad de su especie.1
La memoria de Heliodoro empieza en 1936, en la minúscula pedanía de Villafer, al sur de la provincia de León. Tenía 22 años en el momento que se produjo el "Glorioso Alzamiento", tristemente infernal. Reflejo de humildad, vivía de su trabajo en el campo y como obrero en obras públicas. Soñaba con mejorar, con prosperar, con un futuro socialmente ecuánime. Estaba afiliado a las Juventudes Socialistas y a una sociedad de trabajadores de la tierra adscrita a UGT. Tras la victoria del Frente Popular, su organización sindical había logrado repartir durante el verano sesenta días de faena entre todos los habitantes del pueblo. Mala suerte. Jamás llegó a labrar.
Mosca cojonera en la red, mosca polémica. Dijo Baroja, "el nacionalismo se cura viajando y el carlismo leyendo". Desde qué lo escuché, viajo y leo. Lo llaman democracia y no lo es. Los artículos no están completos. Si están interesados en alguno, hagan clic en la pestaña "seguir leyendo". Así, me harán el favor de poder contabilizar las visitas en cada entrada.
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viernes, 21 de marzo de 2014
viernes, 28 de febrero de 2014
El Palacio de los Leones
En domingo noche, el prime time de La Sexta está reservado para Jordi Évole. El Follonero es, por la constancia de su programa -Salvados cumplirá su sexta temporada en antena- y su estilo periodístico, la estrella de la cadena más alineada a la izquierda en estos tiempos. Todo lo que pasa por la labia de Évole se convierte, al instante, en un éxito de audiencia. El genio de la lámpara.
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