Dijo Salvador Allende, "la historia es nuestra y la hacen los pueblos". Esa cita mágica, epitafio del último sueño de justicia social que vivió Chile, y que ya forma parte de la historia que quiso reescribir, no obstante, no es sino un deseo ilusorio, pues como todos sabemos, la historia la escriben los ganadores y, por desgracia, el pueblo acostumbra a salir derrotado, no victorioso. Aun y todo, en ocasiones el pueblo, "matagigantes" en su expresión más organizada y conjunta, se alza contra el ignominioso yugo que lo asfixia, tomando así el plumero y el papel y haciendo válidas y ciertas aquellas palabras que, en su día, ante el ominoso final que le esperaba, pronunció un legítimo socialista desde el Palacio de la Moneda.
Aun así, es un hecho innegable que la Historia de la Humanidad no es más que el relato de una lucha bifronte: entre el pueblo, amplio en número y estrecho en poder, y la aristocracia, pequeña en número pero demasiado grande en poder. Durante el transcurso de esta epopeya maravillosa, el pueblo, esa mayoría en minoría, ha ido poco a poco arrebatando a la minoría en mayoría, su espacio ingente, conquistando, con su voluntad incontestable, con su unión inquebrantable, paso a paso, el trono de los poderosos y secularizando, a su vez, dicho trono.
Mosca cojonera en la red, mosca polémica. Dijo Baroja, "el nacionalismo se cura viajando y el carlismo leyendo". Desde qué lo escuché, viajo y leo. Lo llaman democracia y no lo es. Los artículos no están completos. Si están interesados en alguno, hagan clic en la pestaña "seguir leyendo". Así, me harán el favor de poder contabilizar las visitas en cada entrada.
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sábado, 31 de enero de 2015
El día del pueblo
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viernes, 22 de agosto de 2014
Crisis
Hace unos años la palabra crisis recordaba a una de tantas megaproducciones cinematográficas apocalípticas en las que la destrucción total amenazaba nuestro planeta y en las que un musculado guaperas y una rubia voluptuosa eran la última esperanza para salvar a la Humanidad, tarea que siempre resolvían con éxito. Hoy en día, aunque Zapatero se resistiese a pronunciarla, tal vez para evitar el desastre de la Tierra, se ha ganado por derecho propio un lugar especial en nuestro vocabulario. Nos abotarga escucharla a diario, ya sea en prensa escrita o en televisión, en las tertulias de los cafés o en suplementos publicitarios. Estamos hasta los cojones de la maldita palabreja, la espada de Damocles que se cierne sobre cualquier intelecto sano, o medio sano. No obstante, resulta cómico como insignes personajes hacen cábalas acerca de su duración o lanzan propuestas como si fueran curanderos de pueblo, haciendo honor a ese programa de Canal +, "Ilustres ignorantes".
viernes, 30 de mayo de 2014
Del bipartidismo al unipartidismo
Mucho champán se ha descorchado desde que los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo sacaron a relucir el tremendo varapalo sufrido por el bipartidismo. Supongo que no sería Moët Chandon, sino otro de una calidad algo inferior, teniendo en cuenta de dónde proceden las celebraciones. Tanto PP como PSOE, aunque siguen siendo las dos fuerzas más votadas en España, perdieron un número demasiado significativo de escaños, y de votos. En total, 17 escaños menos, un 31% de los sufragios y más de 5 millones de los mismos en una situación similar a la de 2009, pues el descenso de la abstención fue ínfimo.
Con la caída de los dos gigantes, un buen puñado de nuevas formaciones se ha abierto hueco en el panorama europeo. Izquierda Unida ha ganado cinco parlamentarios, los mismos que ha sumado Podemos en sus primeras elecciones. También ha irrumpido con fuerza Ciudadanos, ha mejorado sus anteriores resultados UPyD y hasta ha sacado escaño la formación verde Primavera Europea.
La noticia ha sido recibida de manera positiva entre la ciudadanía. Del mismo modo que se abre un nuevo elenco de políticos que aglutina más ideas y propuestas, las votaciones pueden haber servido como un toque de atención a los dos partidos mayoritarios, que desde 2011 cumplen a rajatabla el libreto del drama teatral "cómo cagarla con la crisis".
viernes, 23 de mayo de 2014
Liberté, egalité, fraternité
1789. El mundo occidental está compuesto por diferentes pilares, misceláneos pero compatibles. La democracia ateniense, los principios morales católicos, la declaración de derechos británica, el liberalismo estadounidense, el derecho constitucional moderno -que sienta sus bases en el siglo XVIII- etc. Sin embargo, se antojaría imposible comprender con plenitud la historia y el desarrollo de nuestra civilización sin tener en cuenta los hechos acaecidos a partir de esa fecha: 1789.
La Revolución Francesa marca un antes y un después en la historia de Occidente. Si bien no concluye con el resultado esperado -sino con una ola de terror y el posterior régimen unipersonal de Napoleón Bonaparte-, ni consigue instaurar el liberalismo en Francia -durante el siglo XIX se sucederán las Restauraciones monárquicas y las Repúblicas-, sienta las bases tanto de la democracia como forma de gobierno, que alcanzará en el siglo XX su estabilidad, como del nuevo orden social, abandonando el sistema estamental para abrazar el clasismo con la burguesía como clase social dominante.
La Revolución Francesa marca un antes y un después en la historia de Occidente. Si bien no concluye con el resultado esperado -sino con una ola de terror y el posterior régimen unipersonal de Napoleón Bonaparte-, ni consigue instaurar el liberalismo en Francia -durante el siglo XIX se sucederán las Restauraciones monárquicas y las Repúblicas-, sienta las bases tanto de la democracia como forma de gobierno, que alcanzará en el siglo XX su estabilidad, como del nuevo orden social, abandonando el sistema estamental para abrazar el clasismo con la burguesía como clase social dominante.
sábado, 26 de octubre de 2013
De traje, corbata y Montanas
Los telediarios, sean de la cadena que sean, se parecen cada día más a Bricomanía. Como si Iñigo Segurola se hubiera pasado de la sección de Jardinería a los noticiarios. Si sumásemos la de veces que la muletilla "brotes verdes" ha aparecido en los rótulos explicativos de cualquier canal, nos daría un número de cuatro cifras. Seguro. Los señores Montoro y De Guindos son los más asiduos a la jodida cantinela. Dominadores de cualquier recurso que supla su déficit en el arte de la retórica, los ministros parecen querer vendernos un campo de fútbol, o de rugby. Hierba natural, artificial o lo que sea. Y corta-césped incluido. Cualquiera diría que poseen acciones de Viking. Pero no, esa es alemana. Dichosos teutones...
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