Los telediarios, sean de la cadena que sean, se parecen cada día más a Bricomanía. Como si Iñigo Segurola se hubiera pasado de la sección de Jardinería a los noticiarios. Si sumásemos la de veces que la muletilla "brotes verdes" ha aparecido en los rótulos explicativos de cualquier canal, nos daría un número de cuatro cifras. Seguro. Los señores Montoro y De Guindos son los más asiduos a la jodida cantinela. Dominadores de cualquier recurso que supla su déficit en el arte de la retórica, los ministros parecen querer vendernos un campo de fútbol, o de rugby. Hierba natural, artificial o lo que sea. Y corta-césped incluido. Cualquiera diría que poseen acciones de Viking. Pero no, esa es alemana. Dichosos teutones...
El caso es que las dos personalidades que, supuestamente, mayores conocimientos poseen de economía, repiten de manera cansina esas dos palabritas. Brotes verdes, brotes verdes, brotes verdes. Mientras tanto, los ciudadanos llegamos a la conclusión de que, para entrar en el Ministerio de Hacienda o en el de Economía, no hace falta pasar un test de agudeza visual como en el carnet de conducir. Ver verde en un cenagal les delata, sin duda.
En ocasiones me pregunto que pensarán los de Lehman Brothers sobre estos dos individuos. Bueno, con Luis De Guindos lo tienen más claro: él era responsable de la compañía en España cuando explotó la burbuja, y la agencia cerró después de 158 años de historia.
Vayamos al punto de partida. El argumento, único, escaso, corto, de estos personajes es que se avecina el final de la recesión, que la crisis ha tocado fondo. Y joder, ¡qué bien!, pensarán algunos. Sí, es una noticia fantástica si no llega a ser por qué se ha cargado millones de familias, de empresas, de puestos de trabajo, de ilusiones, de esperanzas. También ha machacado cruelmente al sector público, que dirigido por los liberales más incompetentes, han aprovechado la ocasión para privatizar todo cuanto se les ha antojado. La crisis de la especulación y el sistema inmobiliario ha pasado a convertirse en una crisis popular que todos pagamos. Con la tonta excusa, cada vez menos derechos y menos prestaciones pese a que se cobran más impuestos. Andemos con ojo, no vayan a reimplantar los diezmos con ayuda de Rouco Varela.
Vaya, que brotes verdes, pocos. Por mucho que la recesión haya concluido, queda por ver como se impulsará la economía, con que mimbres, vamos. La gran industria extranjera, y mira que es difícil, ha encontrado otros destinos más propicios para rentabilizar beneficios, con despidos más baratos y condiciones laborales aún peores. Por su parte, las pymes que han sobrevivido al tsunami todavía sangran y, doloridas, tendrán complicado volver a pelear en el mercado.
Hay quien asocia el final de este trágico túnel a la creación de empleo, pues este último debe ser (que realmente lo sea es otro asunto) el objetivo prioritario del Gobierno. Después de alcanzar la tasa de paro más alta de la historia de la democracia, tras el exilio de miles de jóvenes cualificados a otros países europeos, la cota de desempleo se mantiene en las nubes, donde se ha acomodado, y no se piensa bajar. Datos abrumadores que, sin embargo, ya no causan esa sensación de angustia de antaño, como si nos hubiésemos acostumbrado a tal estado de atropello. No obstante, resulta impensable que España vaya crear puestos de trabajo a corto plazo, casi hasta a medio, con un incremento de solo el 0,1% de su PIB y sin que se prevea una recuperación del consumo. Así que vayamos acostumbrándonos a ese 25,98% de paro y a que los medios de masas, prestando su fiel y leal servicio a la patria, no redondeen esos 5,9 millones1, como si nos ofertaran una tele del Media Markt a 499,99€.
En resumen, el tapete de los engañabobos populares, descuidado desde que todo pinchase allá por 2007, ha cogido un tono marrón feo, imposible de remendar. Y sin otra solución han optado por el remedio más chapucero: aerosoles verdes y a tratar de taparlo como se pueda. Que irónico. Un partido contrario al "vandalismo callejero", un partido al que repugnan los graffitis teniendo que mancharse las manos y tragarse sus principios de dudoso valor ético. Así pues, si alguna vez ven pasar por los huecos del metro a algún hombre vestido de traje que carga con una bolsa llena de Montanas2 y camina al ritmo del tintineo de los sprays, no se preocupen: tanto Montoro como De Guindos, solo están realizando una maravillosa labor a la ciudadanía pintando brotes verdes hasta en los vagones.
NOTAS:
1-Éste es un claro ejemplo de esa táctica de marketing utilizada, ahora, en los medios de comunicación. Por cierto, la fuente es RTVE, la cadena pública que los contribuyentes pagan: http://www.rtve.es/noticias/20131024/numero-parados-bajo-tercer-trimestre-72800-deja-total-59-millones/774380.shtml
2-Montana: conocida marca de spray, especialmente popular en el mundo del graffiti.
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