Hablábamos de periodismo, del bueno, en la última entrada que publicamos por aquí. Ha pasado una semana ya, pero este mundo, el de la información y la verdad, no para. Nos detenemos hoy en la figura de Jean-Baptiste Malet, autor de una de las más meritorias labores del periodismo de investigación en Francia.1
Oculto bajo una identidad que Amazon desconocía, Malet se presentó a las pruebas de selección de empleo de la compañía norteamericana después de escuchar rumores acerca de sus métodos empresariales. Según explica en su informe, durante dicho proceso a los aspirantes se les repetía, una y otra vez, que debían estar especialmente motivados y, que de no estarlo, sería conveniente que no optasen al puesto. De hecho, la casa se presentaba casi como una familia ideal, en la que todos sus empleados esbozaban impecables sonrisas como si quisieran decir que Amazon es un oasis de felicidad dentro del sistema neoliberal. Todo era idílico para ellos.
Nada más lejos de la realidad. Lo que el informador se encontró al entrar en los dominios de la firma multinacional fue más similar a un campo de trabajos forzados que a un palmeral de aguas cristalinas. Amazon era Auschwitz, no Maranhao. Trabajadores espiados mediante sistemas por satélite, extenuantes chequeos para evitar la sustracción de cualquier material, jornadas laborales agotadoras que provocan lesiones y enfermedades y que, incluso pueden prolongarse durante el fin de semana en función de la productividad... Además, la enfermería está abierta tan solo durante unas pocas horas al día, por lo que los operarios del turno de noche, por ejemplo, no tienen acceso a ella. Asimismo, el redactor cuenta como nada más firmar el contrato, al llegar exhausto a casa, variaron hasta sus hábitos alimenticios, lo que le provocaba una mayor sensación de infelicidad. La tacañería y ese cargante recorte del gasto alcanzan límites tan banales como el que provocó la primera huelga de empleados de la compañía en Francia: los directivos de la planta decidieron no encender, en pleno Invierno, el sistema de calefacción del almacén, pese a que funcionaba en perfecto estado, para ahorrar en dicho coste.
También relata como se aprovechan vilmente de las desmesuradas cifras de parados. Todos los contratos que firman son temporales, por lo tanto, al mismo tiempo que dan trabajo a desempleados lo destruyen. De ese modo se aseguran la contratación de un nuevo pseudorobot fácilmente explotable, cuando tras como mucho un año, los trabajadores, agotados, dejen de rendir como acostumbraban.
Es en ese matiz en donde los ciudadanos que nada tienen que ver con estas grandes corporaciones, deben poner toda su atención. Las políticas liberales adoptadas por los políticos europeos, facilitan de sobremanera actuaciones abusiva de este calibre. Tal es la torpeza de nuestros dirigentes, que celebran -y apoyan económicamente de manera sustancialmente generosa- la apertura de nuevos centros como los anteriormente mencionados. Omiten que la creación de puestos de trabajo a corto plazo provocará la destrucción de los mismos a medio y largo, pues las pequeñas librerías se verán avocadas al fracaso, cerrando con ellos las fuentes de ingresos -mejor remuneradas- de muchas familias. Tiene sorna el asunto: mandatarios que defienden el libre mercado fortalecen las posiciones de monopolio de estas empresas.
A cambio de la generosidad que nuestros líderes les brindan, obsequian a sus votantes evadiendo impuestos a paraísos fiscales, en señal de agradecimiento. Al carro de Amazon se unen gigantes como Microsoft, Google, Yahoo o Apple. Eso sí, éstos no escatiman en gastos a la hora de desarrollar la ingeniería fiscal más novedosa y eficiente de todos los tiempos. Mediante un laberíntico sistema de filiales, desvían sus beneficios a países en donde el tipo del Impuesto de Sociedades es casi ínfimo, caso de Irlanda, y luego, lo mandan directo a paraísos como Bahamas o las Islas Caimán. Pongamos al gigante transatlántico Google como ejemplo, pues, merced a este procedimiento, que se mueve en el marco de la legalidad, consiguió abonar al fisco español la irrisoria cantidad de ¡33.000 euros durante el pasado curso! Por si esto fuera poco, en la cesta de navidad, incluyen postre. Los colosos de Internet trafican con nuestros datos y logran ingentes ganancias con ello. Ganancias procedentes de fondos públicos procedentes del bolsillo de los ciudadanos procedentes de los bajos salarios que estas enormes corporaciones pagan. La pescadilla que se muerde la cola, vamos, con un único apunte: mientras la mastica engorda las arcas más llenas de manera exponencial.
Así se ha abierto paso, nuevamente, esa peste que hace dos siglos hizo grande la industria norteamericana. El taylorismo enfermizo, llevado al extremo esta vez, ha cruzado el charco a velocidad de vértigo, lucrándose de una crisis que como en el 29, comenzó en su lado, no en el nuestro. Así, aunque con protagonistas cambiados (Bezos por Jefferson, Gates por Franklin, Zuckerberg por Washington...) cinco siglos más tarde de la del Oeste, ha comenzado la conquista del Amazonas europeo, una selva de desocupados fácil de colonizar. Con la complicidad de los máximos mandatarios de la Eurozona (ya podrían ser acusados de alta traición) y el poder que les otorga dominar ese universo paralelo, el monetario, que hemos creado, nada podrá pararles. ¿Nada? Bueno, sí, quizás unos indígenas algo locos...
P.D.: Me hace gracia que hace tres semanas, en su publicación dominical (XL Semanal), el grupo Vocento publicase en portada un reportaje sobre el dueño de Amazon, titulado "Jeff Bezos tiene buenas razones para reírse".2 En él, se le describe como un empresario inteligente y emprendedor, pero en ningún momento se hace referencia a las malas artes y las prácticas esclavistas que lleva a cabo. Dieron en el clavo.
NOTAS:
1-http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013-10-01/en-los-dominios-de-jeff-bezos-toda-la-verdad-sobre-amazon_31977/
2-http://xlsemanal.irevista.es/jeff-bezos-se-come-mundo/
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