Desde que el 17 de Mayo de este año el proyecto de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa fuera presentado por el ministro Wert, ríos de tinta han corrido y llegado al mar, inundándolo de nuevo, como si quisiera repetir la catástrofe del Prestige. Curioso que sea cual sea el desastre, el PP esté detrás de él. Curioso. Como que un militante de la extinta Izquierda Democrática, acabe siendo Ministro de Educación, Cultura y Deporte en la derecha más rancia. Curioso. Bendita curiosidad, la que poco a poco matará a los estudiantes como hizo con el gato.
La entrada en vigor de la LOMCE supone un retroceso de más de 40 años. De golpe. Un salto en el tiempo que no supone volver a escuchar la voz de Freddie Mercury, sino que propone enseñar como fueron enseñados. Cosa que no fue muy bien, por lo que parece. Nuestro congénere (por llamarlo de algún modo) estaría aún leyendo a Sartre o escribiendo magazines para revistas de izquierda. Así que no, instruirlos, no los instruyeron demasiado bien. Por aquel entonces Franco aún malvivía y Carrero Blanco prepara su viaje para ser el primer europeo en pisar la Luna. Y por lo que denotamos, en C/Génova todavía sienten nostalgia del NO-DO, tratando de "desreformar" el sistema educativo hasta que llegue ese punto en el que el viaje en el tiempo se detenga.
Resulta irónico que la nueva ley que regirá la educación tenga dos bases tan diferenciadas. Por un lado, la antigua, pues no condenar el Franquismo y continuar nombrándole como "generalísimo" al dictador no es suficiente; las medidas que se adopten debe honrar su memoria, la memoria de los años más negros de nuestra historia.
Por el otro, la moderna, la de seguir a pies juntillas las directrices, por crueles e injustas que sean, fijadas por la UE, que, del mismo modo que con Grecia, pretende aplastar, triturar, destripar, todo lo que venga del Mediterráneo. En su apología del odio no se descalzan para pisar la cuna de la Filosofía, base de las pseudodemocracias occidentales, de la Poesía, del Teatro, de la Ópera, de la Literatura o de los idiomas más ricos del planeta. Reconvierten a mito el inicio del uso de la razón; prostituyen (véase Madrid 2012-2016-2020-3542) el espíritu de las Olimpiadas; intentan arrasar el milagroso Euskara, resistente como nadie ante las turbas invasoras. ¿Encaja esto con la justificación irracional de recurrir al glorioso pasado que los movimientos fascista y hitlerianos llevaron a cabo?
Insatisfechos por los camaradas herejes degollados, en Bruselas se estudia el manual de Trafalgar. Hasta ahí, ya que herejes había en los dos lados. Mejor dicho, hereje era todo cristo que se descuartizaba por el mismo dios. Y porque por cada Shakespeare aquí hubo 6 o 7 Cervantes, mancos o no.
España, sin embargo, siempre ha escogido lo mejor de cada casa. De Francia, se trajeron a los Borbones. De Inglaterra, a los libertadores que quemaron Donosti. De la dictadura, leyes educativas. De la Desunión Europea, principios para encenagar su propia Cultura.
Con lo que, como resultado, han obtenido un océano infestado de tiburones, a los que ni el petróleo ha podido aniquilar. Entre otras cosas, por que los maravillosos científicos y los voluntarios, llegados desde todas partes, dejaron Galicia como una patena. Nada de medidas políticas, ni de ninguna índole. Solidaridad, colectividad, trabajo ciudadano e investigación altruista. Sí, quizá a veces se pasaron de buenos. O de tontos. En su mansedumbre, el pueblo firmó la Patente de Corso que permite a estos piratas expoliar todos los tesoros, ya no de las aguas, también de la península. El más divino, el de la juventud, ha sido su punto de partida. A corto plazo acabarán con las generaciones venideras, ahorrarán gastos, se perpetuarán en el poder, se harán más ricos. A medio, seguirán acatando órdenes de los maestros europeos, e inculcando ese férreo sentido de la contraproducente disciplina a los alumnos. A largo, sin cineastas, escritores, dramaturgos, escultores, lingüistas, cantoautores ni artista de ningún tipo, imponer el alemán, el inglés, el esperanto o la lengua que les salga de las narices, a los piratas. A no ser que les chafemos el plan arrojándolos por la borda, que los corsarios no han aprobado el cursillo de natación. Ya ven, la fauna de este mar, aburrida del botellón que la caracteriza, tiene ganas de marcha.
NOTAS:
1-He aquí el enlace al mencionado artículo de Manuel Vicent: http://elpais.com/elpais/2013/10/12/opinion/1381602696_561274.html
Resulta irónico que la nueva ley que regirá la educación tenga dos bases tan diferenciadas. Por un lado, la antigua, pues no condenar el Franquismo y continuar nombrándole como "generalísimo" al dictador no es suficiente; las medidas que se adopten debe honrar su memoria, la memoria de los años más negros de nuestra historia.
Por el otro, la moderna, la de seguir a pies juntillas las directrices, por crueles e injustas que sean, fijadas por la UE, que, del mismo modo que con Grecia, pretende aplastar, triturar, destripar, todo lo que venga del Mediterráneo. En su apología del odio no se descalzan para pisar la cuna de la Filosofía, base de las pseudodemocracias occidentales, de la Poesía, del Teatro, de la Ópera, de la Literatura o de los idiomas más ricos del planeta. Reconvierten a mito el inicio del uso de la razón; prostituyen (véase Madrid 2012-2016-2020-3542) el espíritu de las Olimpiadas; intentan arrasar el milagroso Euskara, resistente como nadie ante las turbas invasoras. ¿Encaja esto con la justificación irracional de recurrir al glorioso pasado que los movimientos fascista y hitlerianos llevaron a cabo?
Insatisfechos por los camaradas herejes degollados, en Bruselas se estudia el manual de Trafalgar. Hasta ahí, ya que herejes había en los dos lados. Mejor dicho, hereje era todo cristo que se descuartizaba por el mismo dios. Y porque por cada Shakespeare aquí hubo 6 o 7 Cervantes, mancos o no.
España, sin embargo, siempre ha escogido lo mejor de cada casa. De Francia, se trajeron a los Borbones. De Inglaterra, a los libertadores que quemaron Donosti. De la dictadura, leyes educativas. De la Desunión Europea, principios para encenagar su propia Cultura.
Con lo que, como resultado, han obtenido un océano infestado de tiburones, a los que ni el petróleo ha podido aniquilar. Entre otras cosas, por que los maravillosos científicos y los voluntarios, llegados desde todas partes, dejaron Galicia como una patena. Nada de medidas políticas, ni de ninguna índole. Solidaridad, colectividad, trabajo ciudadano e investigación altruista. Sí, quizá a veces se pasaron de buenos. O de tontos. En su mansedumbre, el pueblo firmó la Patente de Corso que permite a estos piratas expoliar todos los tesoros, ya no de las aguas, también de la península. El más divino, el de la juventud, ha sido su punto de partida. A corto plazo acabarán con las generaciones venideras, ahorrarán gastos, se perpetuarán en el poder, se harán más ricos. A medio, seguirán acatando órdenes de los maestros europeos, e inculcando ese férreo sentido de la contraproducente disciplina a los alumnos. A largo, sin cineastas, escritores, dramaturgos, escultores, lingüistas, cantoautores ni artista de ningún tipo, imponer el alemán, el inglés, el esperanto o la lengua que les salga de las narices, a los piratas. A no ser que les chafemos el plan arrojándolos por la borda, que los corsarios no han aprobado el cursillo de natación. Ya ven, la fauna de este mar, aburrida del botellón que la caracteriza, tiene ganas de marcha.
NOTAS:
1-He aquí el enlace al mencionado artículo de Manuel Vicent: http://elpais.com/elpais/2013/10/12/opinion/1381602696_561274.html
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