España es uno de los países de la UE que más inmigración recibe. Pura estadística. Que aquí residen muchas personas extranjeras es un hecho innegable, como que ellos contribuyen al mestizaje que se da en las aulas de las escuelas públicas. Que el modelo por el que se haya apostado sea más multicultural, y por lo tanto marginal, que intercultural es otro tema. Como el intento, por parte del ministro Wert, de imponer contenidos emborronados por la liberal basura ideológica, cuya única misión es la de contaminar los pensamientos propios de los jóvenes y enfrentar al alumnado. Aun así, por raro que parezca, no vamos a dedicar nuestro preciado tiempo a la educación pública, aunque desde luego lo merezca, sino a tratar el espinoso asunto de los colegios concertados.
Uno de los puntos más polémicos de esa LOMCE impulsada por el PP es, precisamente, el de reforzar el modelo actual de escuelas concertadas. Abaratar costes es la prioridad, no vaya a ser que después los ex-alumnos se nos revolucionen y no acepten nuestras míseras condiciones laborales. Se les olvida que este tipo de centros son los que mayor índice de casos de bullying tienen, o en los que, de media, más descontentos se sienten los jóvenes. Se les olvida, como no, que existe una economía áspera detrás de ellos, pese a que reciben importantes sumas de dinero en inversiones del Estado. Da igual. La cuestión es darles rienda suelta, soltarles la pasta a tocateja y permitir con total pasividad el adoctrinamiento de los niños por parte de unos docentes, que en su mayoría, se ven obligados a ello por intereses que, por decirlo de alguna manera, apuntan más alto. Todo por ahorrarse unos centavos.
Conviene recordar, aunque otros traten a toda costa de taparlo, que este tipo de centros siguen fieles los parámetros que ciertas instituciones, no necesariamente vistas con buenos ojos por todos los contribuyentes, han fijado previamente. Partidos políticos de derechas, sectas, religiones derivadas de la iglesia cristiana... Estamentos de nuestra sociedad que no tienen por que ser legítimos a ojos de todos logran beneficiarse de subvenciones financiadas por esos ciudadanos que religiosamente, a pesar de que la expresión no le venga, justamente, como anillo al dedo, pagan sus impuestos.
Alumnos engañados y ninguneados, pisoteados por un claustro cuya única meta es la de batir récords de beneficios económicos. El adoctrinamiento bate los límites de lo banal, de lo irrelevante, cuando se regulan comportamientos del todo normales en chavales de la edad. Sin embargo, son un perfecto retrato de en lo que se ha convertido la vida moderna: ya no priman las aptitudes ni las actitudes, no, los recursos económicos de cada cual o el papel que pueda desempeñar su familia en la cooperativa es (¡como iba a no iba a serlo!) de muchísima más importancia que el talento del estudiante. El enchufe de toda la vida de dios (seguimos con la maldita religión), y perdónenme por ser coloquial.
No es excesivamente difícil darse cuenta de que algo falla cuando se publican normas para controlar cualquier situación, por inverosímil que resulte, que pueda llegar a ocurrir en clase. El colmo lo sobrepasan al obligar al pupilo a realizar eslóganes defendiendo causas a su juicio inicuas. Algo que, no sólo es una aberración a la imaginación, sino que también resulta una humillación para el alumno, a quien obligan a rebajarse pasando por encima de los principios que él defiende. No obstante, lo más desesperante es escuchar el testimonio de ese profesor pisoteado que le advierte de que no entre en esa guerra laberíntica, pues, en el 99,99% de los casos la ha de perder. Caeremos derrotados batalla tras batalla, pero nuestra integridad permanecerá intacta. La suya, en cambio, bueno, ya sabéis lo que viene a continuación. No lo olvidéis, no hay mayor injusticia que dejar de luchar y de sorprenderse ante ellas.
P.D.: Desde aquí siempre se ha tirado a dar, sin esconder la mano que tira la piedra, por lo que no hace falta mencionar a nada ni a nadie. Si cada uno es lo suficientemente maduro como para forjar sus propias opiniones en torno a temas espinosos, también lo será a la hora de captar mensajes que, quizás, no sean de su agrado. Aún así, preservaremos la poca elegancia que nos queda. O llámenlo, caballerosidad, como quieran. Como bien saben, este blog es suyo.
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