Como cada 11 de Septiembre, la Diada catalana volvió a celebrarse, esta vez, con más apoyos que nunca para la consulta popular, marcada por el discurso independentista adoptado por el ejecutivo de Mas. A pesar de los bochornosos incidentes ocurridos, eso sí, fuera de Catalunya, la delegación de la Generalitat en Madrid sufrió un lamentable ataque por parte de miembros de la Alianza Nacional, la respuesta popular fue, una vez más, de una cuantía importante. Y es que, según datos ofrecidos por la propia Generalitat, más de millón y medio de personas secundaron la "Via Catalana per la Independencia", o lo que es lo mismo, la cadena humana que ha recorrido Catalunya de Norte a Sur a lo largo de 400 kilómetros.
Al igual que en la edición del año pasado, Artur Mas ha logrado nuevamente cumplir su ansiado objetivo, el de desviar la atención de su vergonzoso fracaso al frente de las instituciones públicas. Ni con arriesgadas decisiones como la de convocar elecciones anticipadas, ni movilizando a la gran mayoría de la ciudadanía ha conseguido enderezar la difícil situación que atraviesa su mandato. Cada vez son más los catalanes que ven como el sueño de la independencia se desvanece, más aún después de la reunión que su dirigente mantuvo con Mariano Rajoy en La Moncloa, desde la cual su actividad y sus exigencias separatistas han disminuido considerablemente.
No obstante, el descontento no se ha generalizado, pues, la campaña soberanista ha llenado de serrín los cerebros de miles de personas. El continúo bombardeo propagandístico llevado a cabo por los medios de comunicación, ha realizado una nada desdeñable labor de ayuda a Convergència i Unió: en un proceso similar al que se está viviendo con Gibraltar, CiU ha encontrado la cortina (o persiana) de humo perfecta. Así que, gracias a la complicidad de los medios de masas, se ha desviado la atención de los enormes problemas que atraviesa Catalunya, que amenazan con hacer estallar en mil pedazos su economía. Y también, de los de su propio partido, sumido en un indecente caso de corrupción urbanística, contactos con la mafia incluidos, que han alumbrado la financiación ilegal del partido oculta hasta ahora en las tinieblas de la ilegalidad.
Merece la pena hacer memoria para encontrar el punto de partida de esta neurosis secesionista. Por que Artur Mas no siempre ha sido este salvapatrias de discurso soberbio y prepotente, sino más bien un tímido político de segunda fila, que, como una amante despechada, no toleró la negativa de Rajoy al rescate económico de su CCAA.1 Desde entonces, un furioso ataque de celos que va camino de acabar como el cuento de "Pedro y el lobo" con Mas haciendo de pastorcillo: constantes amenazas de un referéndum que nunca se produce.
Ahora bien, en estos dos años largos de tensiones y desencuentros al bueno de Artur le ha dado tiempo a recortar en todos los derechos sociales, a rebajar los salarios de todos los funcionarios (en el mejor de los casos, por que a otros, sencillamente, los ha despedido), a cerrar colegios y hospitales, a retirar becas, cortar las ayudas a las personas dependientes y a reprimir salvajemente, con sus particulares sabuesos correctamente uniformados, todos los movimientos de protesta, que pocos no han sido.
Todo esto no deja de alterarme y recordarme esa lección platónica sobre la preparación que debería tener nuestra clase política. Si Anne Bottle abrió el debate, merece prolongarlo con Arturito y la inexplicable cuestión de como un joven gerente que hizo quebrar por su falta de preparación una próspera empresa textil pretende reactivar la economía de toda una nación.
Y así, el próximo 11 de Septiembre nos volveremos a encontrar en las mismas, con una población indiferente ante el vil comportamiento de sus máximos mandatarios políticos, cuyo único deseo es ver construido ese muro que los divida de España. Les seguirán robando, estafando, mintiendo y ellos estarán tranquilos, felices con su Senyera, tan llena de humo que se le desgastan los colores, hasta el punto de que no recuerdan que son los mismos que los de su "opresor".
P.D.: Me cuesta muchísimo trabajo entender por que ERC y muchos "intelectuales" catalanes apoyan el movimiento independentista de CiU. Recurriendo a libros de Historia, podemos descubrir como el nacionalismo no es más que un engaño con el que la burguesía domina al pueblo, una treta para adentrar el liberalismo entre la multitud. Por un simple juego de banderas, no de tronos como el día que recuerda la Diada, todos los catalanes han perdido derechos universales, legítimos e intransferibles que con tanto ímpetu y ahínco adquirieron las generaciones antecesoras.
NOTAS:
1-En realidad, el Presidente del Gobierno no rechazó en ningún momento la petición catalana, sino que Artur Mas no aceptó las, a su juicio, "excesivas y abusivas condiciones" que el acogimiento al fondo de ayuda autonómico requería.
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