Apenas han pasado tres días desde que la Ministra de Trabajo, la señora Fátima Báñez, anunciara el mayor recorte-expolio-atraco realizado en las pensiones en la historia económica moderna. No exagero, la decisión del ejecutivo Rajoy de adoptarlo (a golpe de decreto, todo sea dicho) ha marcado un precedente, pues nunca antes en Europa se había dado un caso similar. Polémicas aparte, (luego entraremos en esa salsa, quédense tranquilos) el análisis objetivo de la medida sería el siguiente: las pensiones por retiro no se actualizarán anualmente con el IPC, sino que se creará un nuevo indicador que, además de la inflación, tendrá en cuenta otros factores como los gastos e ingresos de la Seguridad Social. Por lo tanto, aunque las pensiones seguirán subiendo en términos nominales, no lo harán de manera real y los jubilados perderán progresivamente poder adquisitivo. Eso sí, no se ha especificado si la duración será hasta 2019 o 2022, ya que en ese periodo de tres años podría entrar en liza el Factor de Sostenibilidad (FS).
Las primeras críticas a la reforma se empiezan a extraer desde aquí. En primer lugar, por la ambigüedad de la misma en la que quedan muchísimos temas por pulir como es el caso del dilema del FS planteado anteriormente o de ese nuevo indicador mediante el cual se renovarán las pensiones, del que todavía se sabe más bien poco. En segundo lugar, por que permite al Partido Popular manejar a su antojo la verborrea económica, argumentando que las pensiones "continuarán subiendo" algo que no es cierto. De hecho, varios economistas de renombre ya han alertado que esta situación puede engañar a muchos ciudadanos: que cada año las pensiones se modifiquen positivamente no significa que los jubilados españoles estén ganando dinero, debido a que, si la inflación supera este aumento de ingresos, la capacidad de consumo, lógicamente, decrece. En última instancia, el motivo más sencillo; La desaforada obsesión del PP en recortar en el gasto público sin importar las dañinas consecuencias que esto puede acarrear en las familias. Ancianos que tras muchísimos años de honesta, religiosa y puntual (¡Qué remedio!) cotización a la Seguridad Social no recibirán la devolución de su grata aportación a lo largo de los años. Peor aún, a la vez que se reduce su poder adquisitivo, baja la calidad de los servicios públicos que tanto necesitan y que durante tanto tiempo mantuvieron con sus impuestos. Y ese es solo el mejor de los casos: cuando no basta con disminuir en costes, se pasa a la privatización y la implantación del sistema de mercado más salvaje y abusivo, ese tan libre que nos convierte en esclavos.
Ahora, por si no fuera suficiente, ya no solo somos esclavos de las grandes compañías que comercian con nosotros a su antojo, ni de los intereses de los poderes fácticos, ni de esa "mano invisible" que mueve el mercado. También lo somos de la Unión Europea y de esa otra mano, "hand" en alemán, que mece a su criaturita (o sea, nosotros) con mucho mimo: de continuar con este proceso, tendrá a apenas cientos de kilómetros de distancia, una nación tan sencilla de explotar como Camboya, pero con una mano de obra mucho mejor cualificada. Y es que, según las malas lenguas dicen, esas a las que siempre conviene hacer caso, Mariano Rajoy pretende aprobar la reforma de las pensiones después del Verano, para adelantarse al resto de sus socios e impresionar a Merkel, la Troika y su tridente al aventurarse con un dictamen de tal calibre. Mr. President (se comenta que Ana Botella ha comenzado a llamarle así) quiere mostrarse como un líder que hace los deberes; serio, sobrio y solido, las 3 "eses" curiosamente, que tan brillantemente pronuncia. Dé la sensación que dé de puertas para afuera, la realidad es que en casa le queda mucho por barrer, y la reelección con mayoría simple se le antoja imposible a nuestro bonachón registrador de la propiedad.
Sin embargo, conexiones políticas al margen, el objetivo económico que ésta esconde lo podemos vislumbrar mirando la nueva foto de familia del Banco Santander. Sí, no se extrañen, que su nuevo fichaje, el que no lleva dorsal sino maletín a la espalda, culpa tiene de la actual situación. No resulta demasiado complicado deducir a donde irán destinados esa friolera de 33.000 millones de euros. Bien lo sabe, el amigo Rato, causante de la quiebra de Bankia, y, por consiguiente, de la dilapidación de esos 37.002.600.000€1 en el mayor rescate bancario de la historia del Estado Español. A saber cuantas adjudicaciones fraudulentas ordenaría el ministro durante sus casi dos lustros en el poder. A saber que cantidad de beneficios acarrearían en las arcas de C/Génova, el último reducto pirata que se mantiene vivo en Madrid. Le debían devolver al favor, ya saben, códigos morales. No tiene la más mínima relevancia que ello afecte negativamente a las vidas de 46 millones de personas, ya saben, códigos morales.
Y es que, a veces pecamos de primos, al exigir una normativa que regule y controle la actividad de los ex-políticos en las empresas privadas. Se nos olvida que ellos son el estamento privilegiado y nosotros los súbditos. Se nos olvida que ellos disfrutan y a nosotros nos toca mantener la Hacienda Pública. Se nos olvida que Rodrigo Rato juega con ventaja. De banco a banco y tiro por que me toca. Si hundo una entidad, no pasa nada, esto es como el juego de la oca. Cuando caiga en la casilla del carcelero, será otro quien pague mi mala tirada.
NOTAS:
1-Esa es la cantidad exacta en la que está cifrado el rescate a Bankia. Como admitiría el Gobierno hace unas semanas, se "invirtieron" 2,6 millones adicionales en publicitar los beneficios del rescate bancario.
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