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viernes, 22 de noviembre de 2013

Sin título: crónica de una democracia interrumpida

Corría el 17 de septiembre de 1868 cuando el brigadier Juan Bautista Topete se sublevó junto a las tropas bajo su mando en la ciudad de Cádiz. El objetivo, destronar a la monarca Isabel II y desterrar a los Borbones. De este modo, se dio pie a la enésima revolución que se sucedía en España durante el siglo XIX, esta vez, en cambio, con un mayor apoyo popular, sobre todo, por parte de la pequeña burguesía y de las clases más humildes. No en vano, la insurrección fue bautizada como "La Gloriosa",  reflejando a un pueblo ávido de una reestructuración social, económica y política. Así pues, el 6 de junio del año próximo se promulgó la primera Constitución democrática en la historia de España. Aquella, la del 69, no solo dio comienzo al espinoso y laberíntico trayecto de la Democracia, sino que recogió, también por vez primera, derechos y libertades tan fundamentales como el de huelga o reunión, ésos que indican la salud real, no nominal, de un régimen político.


Esta semana nos desayunábamos con la nueva Ley de InSeguridad Ciudadana que el gabinete del señor Fernández Díaz está preparando. Y al leer el borrador de este proyecto que, como no, se aprobará a golpe de decreto, no puedo evitar imaginarme esa risita floja del ministro Montoro o a la indignada diputada Andrea Fabra gritando "¡qué se jodan!" en nombre de la libertad. Me la imagino en pleno Agosto castellonense a la vez que se abanica con esos 1823,86€ mensuales que percibe del Estado en concepto de dieta de alojamiento, pese a que su residencia se encuentra en la lujosa urbanización de "Los Lagos de la Finca", situada en Pozuelo de Alarcón, a tiro de piedra -ojalá le caiga alguna- de Madrid. Me la imagino saliendo del garaje de casa conduciendo un Porsche, saludando a futbolistas del Real Madrid y dirigiéndose -¡por un día!- al Congreso. Me la imagino teniendo que entrar y salir escoltada ante la indignación y la rabia de esos desempleados a los que menospreció en la institución del Estado por excelencia. Me la imagino así y me pregunto, qué más dará que esta mujer, por una vez en su vida, pase algo de miedo.

Según el boceto que ha presentado el supernumerario Ministro de Interior, estarán tipificadas como faltas graves, entre otras, los escraches, las grabaciones de actuaciones policiales o las concentraciones ante organismos críticos del Estado (Congreso de los Diputados, Senado, Parlamentos autonómicos...), por mucho que éstos no tengan actividad en dicho momento. Como consecuencia, esas infracciones serán castigadas severamente, con multas que corren entre los 30.001 y los 600.000 euros. Vamos, que si acude cacerola en mano a la vivienda de un señor que ha tomado prestados unos ahorrillos de las arcas públicas, no conseguirá que salde sus deudas y además, pagará un pato con el que bien podría hacerse el mejor foie del mundo.
Si, por el contrario, el 6 de enero asiste a la luminosa cabalgata del día de reyes, sube a su hijo a hombros y capta con una videocámara un recuerdo mágico de sus héroes navideños, tenga cuidado: puede que los cuerpos de seguridad del estado estén presentes velando por la seguridad -no vaya a ser que algún caramelo incendie un contenedor o derribe una farola-, y la grabación, créanme, no será de su agrado.
Así que, quédense en casa, mejor arriesgarse a que les salga el haba y tan solo tengan que pagar el rosco.
Y si, en el último de los rocambolescos casos, usted es un parado de larga duración y decide pegarle un tirón de orejas a los leones del Congreso -los de dentro, no se confundan-, da igual que no tenga trabajo, ni prestación, ni vivienda por que un banco al que rescató le ha desahuciado. Sea cual sea su situación, le harán limpiar los huevos a los leones, éstos sí, los de fuera. Y ya los puede dejar relucientes, porque sino lo que el 25-S ocupará el puñetero Congreso, será su millón de las antiguas pesetas, moneda, a todo esto, acuñada durante el Sexenio Democrático que inició la Revolución de 1868.

Uno de los motivos que llevaron a todos los sectores de la oposición a coaligarse en Ostende1, fue, precisamente, la preferencia de la reina por el partido conservador. No les resultará especialmente interesante lo que les digo, ni tampoco sorprendente. Pero, llama la atención que más de 150 años después, o sea, 30 lustros, o sea 15 décadas, o sea siglo y medio después, el ala conservadora que ostenta el poder para gobernar lo haga con las mismas premisas; orden antes que libertad y libertad teórica más que práctica. Es decir, que por liberales que sean, dependerán del sector público que destruyen como sustento para sus familias y preferirán recortar en la nuestra libertad, esa que alcanzamos ayudándolos a conseguir la suya. En resumen, una verborrea de LIBERTADES INEXISTENTES de las que ni dispusimos, ni disponemos, ni dispondremos y en el caso de que queramos disponerlas nos clavarán más que por un cubata en la relajante Plaza Mayor. Todo a pedir de boca.

Como en la breve introducción expusimos, uno de los indicadores de salud de una democracia es el respeto a derechos básicos, admitidos hace ya mucho, mucho, mucho tiempo. Tal es el caso del derecho de manifestación o de grabación audiovisual, garantizado por la Ley de Propiedad Intelectual. Con éste ya van unos cuantos síntomas de lo que al sistema político español le ocurre. Y así, tras tanto recortar en Sanidad, a los pobres médicos no les da para cursos de expresión escrita, por lo que el diagnóstico queda de lo más ostentoso, rozando el límite -que por español deja de limitarse- de lo banal: le ha salido un quiste a una democracia de chiste.

P.D.: Supongo que estarán hartos de ver titulares altisonantes y anuncios grandilocuentes que las campañas de marketing internacionales bombardean sobre nosotros. Por lo tanto, supongo también, que preferiblemente preferirán -valga la redundancia- evitar otro de esos títulos campanudos más acordes con un monólogo de La Chocita del Loro2. Les hago, pues, el favor de dejar en blanco la cabecera de este modesto artículo. Su salud mental me lo agradecerá. 

NOTAS:
1-En el año 1866 todos los sectores de la oposición española (unionistas, progresistas, democráticos y republicanos) se dieron cita en la ciudad belga de Ostende, con el fin de tomar una decisión respecto a la deriva que llevaba el país. Fue allí donde se acordó iniciar un movimiento insurgente que acabase con la monarquía isabelina.
2-La Chocita del Loro: local madrileño especialmente conocido por ofrecer diversos monólogos de los mejores humoristas nacionales.

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