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martes, 27 de agosto de 2013

Aporafobia, chauvinismo y otros indicios fascistas

Como un viejo proverbio chino dice, 'el significado de una imagen puede expresar lo que mil palabras'. No hace falta hablar más. Pues, cuando la repugnancia supera ciertos límites, el discurso empieza a contagiarse del hedor. Sin embargo, me gustaría analizar ambos bandos, por si su significado no expresa esas mil palabras. Ya no por mí. Lo hago por los padres de esos "pobres cachorrillos", para que ellos entiendan la magnitud de los valores que han inculcado a sus hijos. 

Como venía diciendo, delante de la cámara tenemos a un anciano, cansado, con la espalda encorvada. Probablemente comenzó a trabajar a una edad temprana. Mucho antes que sus verdugos. Pasó de la infancia a la madurez de manera directa. La familia necesitaba un jornal, y él se lo daría. Más de 50 años trabajando, sacando adelante su futuro y el de sus hijos. Ahorrando, lo que podía, para garantizarse una vejez tranquila y sin sobresaltos. Todo hasta que alguien se cruzó en su camino. Un ladrón de traje y corbata, no de guante blanco. Dispuesto a llenar el maletín, otra vez. Una rata sin escrúpulos que ordenó a sus lacayos llevar adelante la mayor estafa bancaria de la historia de España. Aprovechándose de señores analfabetos como él. Toda una vida de sudor, de doblar la espalda, a la basura. A la mierda. A unos bolsillos que no solo permanecen intactos e impunes, sino que continúan aumentando en tamaño. 

Por otra lado, como si de una horda se tratase, funcionando siempre en manada, con la cobardía propia de quien conoce sus limitaciones éticas y morales, un grupo de militantes de NNGG. Estos jóvenes imberbes, a diferencia del otro protagonista, no han dado aún, ni lo darán, palo al agua en su vida. Apenas se han dedicado a estudiar una carrera elegida, y pagada, minuciosamente por sus padres, gente de dinero, liberales convencidos y lameculos como ellos. Saben de la relevancia que tendrá su gesto. Saben que puede catapultarles a un puesto en el partido. Por eso, gritan "Cospedal, Cospedal" ensalzando la figura de la secretaria general del PP, esa capaz de hacer y deshacer con el dinero de contribuyentes honrados, como el anciano de la imagen, cualquier barbaridad sin el mínimo remordimiento. Acaban de iniciar un proceso en el que chuparán y tragarán de todo, y perdonen ser tan burdo, para llegar al ministerio de Justicia, de Sanidad o de Fomento. 
Y eso es lo más triste de todo. Estos borregos con polos de La Martina e iPads del tamaño de mi cabeza, estos borregos que se fotografían haciendo el saludo fascista, estos borregos que hacen apología al franquismo en sus cuentas de Twitter o Facebook, regirán el destino de servicios públicos que se pagan con los impuestos que hombres y mujeres honrados habrán abonado durante 50 años de incansable esfuerzo. Por que de los suyos, ni hablar. Han aprendido bien las lecciones de "Papi Bárcenas" sobre Suiza. Curso intensivo sobre dinero negro y evasión de capitales. Lo han aprobado con matrícula.

No obstante, existe una lección de la que se ausentaron de clase cuando se enseñaba, quizás para silbar a testigos que iban a comparecer en la estafa de las preferentes. Tiene sorna el asunto, ya que, el 99% de quienes forman parte de NNGG ha estudiado en centros privados; católicos, apostólicos y romanos. Pongamos el CEU como ejemplo, donde obligan a interiorizar ciertas doctrinas cuya validez no vamos a entrar a valorar. Entre ellas, el respeto a los mayores. Podemos deducir que los alumnos no han hecho bien el trabajo que les han ordenado los profesores a pesar del importante ingreso que papá y mamá han realizado en las arcas del colegio.

Pero no debemos quedarnos con la punta del iceberg. Miremos bajo el agua. Descubramos el velo (que no yihab, no vaya a ser que algunas distinguidas personalidades se molesten) que tapa el verdadero alcance de la situación. Y es que, cuando el río suena, agua lleva. Si hombres fuertes del partido han salido a embarrarse por los actos desproporcionados que han cometido sus juventudes, es por que importar, importa. Si rápidamente han definido como "chiquillada" un acto que suprime la memoria histórica, que recuerda la etapa más dolorosa de España, es por que importar, importa. 

Hemos llegado a un punto en el que las clases más adineradas no sólo ven a las clases bajas como escoria, sino que comienzan a expandir ese desprecio entre ellos. Al igual que ocurrió tras el crack del 29, los síntomas del fascismo han empezado a desarrollarse dentro del paciente. Quienes pueden permitirse divulgar esa propaganda del odio así lo sienten, y quienes desesperados ven como las soluciones a la crisis no arreglan nada aceptan cualquier posible ayuda, por descabellada y cruel que sea. La aporafobia, sin embargo no es el único indicio. También se hace hueco el chauvinismo, el nacionalismo más radical y extremo. Mientras entre Alemania y la Troika continúan pisando el poco orgullo que queda en los países mediterráneos, la población refuerza sus sentimientos nacionalistas, uniéndose ante el expolio y la injusticia. Véase el caso de Gibraltar. Todo, sin darse cuenta de como la calaña que tenemos como clase política puede aprovecharlo y utilizarlo a su favor. Obviamente, la vuelta a un régimen totalitario es una quimera en una sociedad que tanto ha sufrido y peleado por la democracia. ¿Ahora bien, quién nos garantiza que no se nos negarán derechos básicos de los que antes disponíamos? ¿Que no se privatizará hasta el último servicio público y regresaremos al capitalismo más salvaje, al de las "Hoovervilles"? La respuesta la tenemos nosotros. Dependerá de hasta cuando -y donde- toleremos las injusticias y la corrupción. De hasta cuando -y donde- permitamos crecer a las desigualdades sociales. La respuesta, valga la redundancia, la tenemos nosotros.

P.D.: No se alarmen, el fascismo es algo teóricamente superado en nuestra sociedad. Pero no se crean que por ello haya desaparecido. Sigue vivo y latente entre quienes dirigen grandes empresas, amañan concursos públicos o gobiernan con la etiqueta del neoliberalismo. Más aún, cuando las vacas flaquean. Aunque los sistemas políticos se hayan regenerado, en cierto modo, y no vayamos a volver a épocas tan truculentas, no significa que éstas no tengan repercusión en nuestra era. Piensen en el chiringuito que han montado en la sanidad madrileña, a la que, por cierto, Cristina Cifuentes debe su vida. En como privatizan servicios básicos y universales, pasando a las manos de quien en otro tiempo les favoreció. Piensen en ello.

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