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viernes, 21 de febrero de 2014

Paz y Justicia

Venezuela es el hervidero del terror. De pronto hemos regresado a la época de la Guerra Fría, pues Occidente tiembla en cuanto la tricolor asoma. Luego, hay que tener controlado al elemento desestabilizador. Pero la República Bolivariana no se deja amedrentar: los matones de la clase no le van a robar el dinero del almuerzo. El globo terráqueo se desequilibra por el bigote de un chicano. Un miedo cerval penetra por su espina dorsal. Se acerca el ocaso del ocaso.


Sobre el país latinoamericano se extiende una sombra alargada, la de Hugo Chávez. El populista, el demagogo, el represivo, el tirano; el hombre que reestructuró una nación hundida en la miseria y el desgobierno sin ponerse un traje. No se lo perdonan los yankees. No les gustó la gentileza de acudir a sus citas en chándal.

Desde que Chávez reposa en cama de madera de pino Venezuela parece haberse sumergido en el caos. La Atlántida latinoamericana derrotada por el poder del clamor popular y sepultada en un día y una noche. Pamplinas. El del bigote, ese tal Nicolás Maduro, se impuso democráticamente -donde no se escuchó el clamor popular- en las elecciones del 14 de abril del pasado año. 

Maduro ha seguido a pies juntillas la línea marcada por su predecesor. Si bien tiene ante sí un inclemente escollo en forma de crisis económica -la misma situación que asola nuestro país, por ejemplo-, ha cumplido su programa de manera franca. El actual presidente no asumió el cargo con absurdas promesas inverosímiles, apartado en el que se diferencia de los mandatarios occidentales. Su objetivo principal, era y es el de "defender, expandir y consolidar" el gran logro de su antecesor: la consecución de la Independencia nacional. Para ello, ha preparado la defensa, expansión y consolidación de la Justicia social. Entre otras cosas con una mejorada política de maternidad y con la reducción en la venta de armas de fuego, con el objeto de reducir, así mismo, los crímenes violentos. En este aspecto también, Venezuela va a la cabeza de los EEUU.

No obstante, la obra representada no es una comedia. Nadie se ríe en el anfiteatro. El abusón ha cogido por los tobillos al rebelde y lo zarandea en el aire. Se vale de los medios de masas -¡oh, las masas, cuán maleable su moral lanar!-, la mejor herramienta para su satánico plan. Los fidedignos diarios españoles titulan en sus portadas "asesinatos" a "pacíficos" manifestantes "cometidos por la Guardia Nacional Bolivariana". Necesita tantas pinzas para cogerse, que se escapa del tendero.
En nuestra patria íntegra y decente, jamás han cargado los antidisturbios contra el clamor popular de rodear el Congreso, ocupar Sol o citarse en los domicilios de esos demonios equiparables al del bigote. Jamás se han matado, torturado o lesionado a civiles, ya fueran manifestantes, ya fueran transeúntes. Jamás se han ahogado inmigrantes, o en el mejor de los casos, disparado a sangre fría. España, en ese sentido, es un país ejemplar. Aquí de morir alguien, muere Cabacas, un pérfido vasco-etarra. Los venezolanos, indígenas rabiosos, matan doncellas, misses o modelos. 

Los tabloides españoles son más sensacionalistas que The Sun cuando se refieren a Sudamérica. En los titulares, términos como "sin control", "militariza", "violencia", "infierno", "persecución política" o "huérfana" son el único atisbo de objetividad que podemos encontrar. Periodismo justo, ecuánime e imparcial.

El País, el diario de tirada nacional de ideología más próxima a la centro-izquierda, es la viva imagen de ese virus que han inoculado los medios de contaminación. Once años y un día antes de que Maduro saliera elegido Presidente legítimo por sufragio universal, el periódico justificaba un abominable golpe de estado: "Golpe a un caudillo"1 rezaba su editorial la víspera de la conmemoración de la II República española. 
Ayer, 20 de febrero de 2014, publicaba en su tribuna un artículo firmado por Óscar Arias2, ex-presidente de Costa Rica. Todo un Premio Nobel de la Paz, como Obama, ese exacto indicador de la benignidad humana. Rezaban sus letras que "no hay nada peor que tener miedo a decir la verdad" y que por lo tanto no se callaría "ante la sola existencia de un gobierno que es una afrenta a la Democracia." La vileza de su ruin argumentación alcanzaba el clímax cuando citaba a Martin Lüther King para defender tan abyectas ideas. 

Lo remató con otra mención especial, esta vez a Gandhi: "ojo por ojo, y el mundo acabará ciego". En el graderío, ahora sí, estalla una risotada. Los buenos de la película, los paladines de la libertad, la rebajan al nivel de una banal comedia. Todo sea por acabar con la violencia, por proteger el elemental derecho de un pueblo a manifestarse pacíficamente. Pero, aún más elemental es elegir morir en una guerra justa, antes que vivir en una paz injusta.

P.D.: Por si alguien quiere desintoxicarse de la pseudo-información que El País ha difundido sobre Venezuela, le recomiendo el ensayo "Periodismo y crimen. El caso Venezuela: 11-04-02." del maestro Pascual Serrano, a quien, por cierto El País siempre ha tratado de censurar. Clarifica.

NOTAS:
1-Éste es el editorial de El País, publicado el día 13 de abril de 2002: http://elpais.com/diario/2002/04/13/opinion/1018648802_850215.html
2-Y éste, el artículo de Óscar Arias Sánchez titulado "Venezuela: infierno de persecución": http://internacional.elpais.com/internacional/2014/02/20/actualidad/1392937059_513101.html



2 comentarios:

  1. Pelín "sesgadillo" ¿no?
    Tanta parcialidad tira por tierra cualquier atisbo de credibilidad.
    El estar posicionado en uno de los lados del péndulo tiene esas cosas, solo se convence a los ya convencidos, a los incondicionales... a los fanáticos.

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    Respuestas
    1. La credibilidad no la da la imparcialidad, la da la veracidad de los hechos.
      Aquí no todo es blanco y negro, cierto, empero la información fidedigna ofrece la capacidad de posicionarse. Ello no se basa en sentimientos irracionales, en fanatismos, sino en una argumentación coherente que nace de un proceso de información y aprendizaje. El conocimiento es de por sí subjetivo: fomenta la opinión, fertilizándolo aún más.
      Una de las características de este blog es la libertad total en sus postulados. No dependemos de nadie, por lo tanto nada puede censurar nuestras opiniones. Tampoco obedecemos a ninguna ideología, por consiguiente, no seguimos a pies juntillas ningunas directrices ya fijadas. Si lees la primera entrada, el post de presentación, observarás cómo nuestra intención no es la de convencer a nadie, ni extender ninguna idea concreta. Tan solo fomentamos el uso de la propia razón, de la propia conciencia, para que cada cual forme sus opiniones particulares. Le citaré, al respecto, una cita del grandísimo pensador francés Jean Paul Sartre: "si me hubieran leído seguramente hubiera intentado complacer. Siendo clandestino, fui auténtico."
      En último lugar, hemos de aclarar que el tono tan directo, sarcástico y ofensivo no quiere decir una total conformidad con el mandato de Maduro. La intención que hay detrás de ese tono acerbo, cortante, es poner de relieve las injurias que se han proferido contra los dirigentes venezolanos (ora Chávez, ora Maduro) y la cantidad de mentiras que se han difundido en los medios de comunicación occidentales con motivos ilegítimos: los de desbancar a un mandatario elegido de manera legal y democrática en las urnas, justamente la idea de participación ciudadana que ellos defienden.
      Para terminar, le pondré un ejemplo: en el año 2002, cuando el golpe de estado de Pedro Carmona, las televisiones que emiten en abierto en España se hicieron eco de una noticia infame. En ella, se veían varias decenas de partidarios del régimen chavista disparando desde lo alto de una especie de otero urbano hacia la avenida donde supuestamente se manifestaban de forma pacífica los detractores del por entonces presidente. Por supuesto, Antena 3 o Telecinco no emitieron las imágenes de la alameda hacia la que dirigían sus disparos. ¿Por qué? Bien sencillo. Por la Avenida Bolívar decenas de tanques avanzaban hacia el parlamento venezolano. Aquellas imágenes no vieron la luz hasta meses después.
      Un saludo.

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