Los viernes son siempre sorprendentes. Furtivos. Oscilan entre la ilegalidad, la benignidad, la pereza, el desasosiego y el relax final. Dejando, eso sí, su siempre toque amargo y meditabundo. En ocasiones, los viernes son como el cine. Una caja de sorpresas.
¿Por qué no sorprenderles entonces? Mira que hay temas pendientes. Ucrania, fragmentada. Isabel Carrasco. Las europeas, a la vuelta de la esquina, y el debate Cañete vs Valenciano. No. Hoy les sorprenderemos. Escribimos desde el sofá y no desde el escritorio. Un pequeño paso para el hombre...
Jamás entenderé qué se puede pasar, en un primer momento, por la mente de los grandes genios. Esa luz, la idea principal, el punto de partida hacia una obra maestra. Lamentablemente, no soy un genio.
¿Alguno de ustedes ha pensado en Arkansas, "el estado natural", como su shangri-la particular? No creo. Juncos bañados por el majestuoso Misisipi, frondosos árboles que oscurecen la Estados Unidos rural, degenerada, nebulosa. Cartles parpadeantes en un bar de motero, carteles de "Bud light", esas chorradas comerciales. La idiosincrasia americana, vaya. No pasar.
En ocasiones, junto con los viernes y el cine, los lugares más remotos y antiestéticos nos deparan verdaderas lecciones de humanidad. Lugares dejados de la mano de dios, apartados. Sub-culturas incivilizadas, bárbaras, indecorosas. La caducidad del progresismo hueco a solo una manzana de distancia.
La imperfección del mundo, oh, sempiterno tema sobre el que reflexionar. ¿Qué aconseja la ética? ¿Ser lobos o corderos? Da igual. Todos hemos cavilado alguna vez sobre ello. Y los pensadores, hasta han elaborado sus propias tesis. Sin embargo, nadie coincidió en el punto clave. El que se le escapa al cine, el que te puede deparar un viernes: somos nosotros, los humanos, los que afeamos el mundo.
Friedrich Nietzsche auguró un día la llegada del superhombre. Totalmente libre, totalmente independiente, totalmente convencido, totalmente fuerte, totalmente valiente. Apaga y vámonos. La primera luz del genio trajo el caos. Para su persona, murió casi esquizofrénico. Para la humanidad, el vaticinio del hombre más violento que jamás haya pisado la Tierra.
Friedrich Nietzsche asoció al niño la esencia del hombre, del superhombre. Quiso rendir un merecido homenaje a esas crías despiadadas y crueles. Salvajes. Incivilizadas y bárbaras. Al igual que Arkansas. Quizás sea el niño el hombre más violento que jamás la haya pisado. La infancia es sinónimo de destrucción. Su ingenuidad y su apego a la verdad pueden perfectamente ser armas de destrucción masiva.
Es viernes, pienso. Luego existo. Alguna vez existió un hombre que creó el viernes (como concepto). Y otro que creó el cine. Y otro que creó Arkansas. Y otro que creó las armas de destrucción masiva. Y otro que plasmó al papel sus pensamientos. Y otro que parió al superhombre. Hubo quien navegó por el Misisipi, quien comercializó sofás o escritorios por primera vez, quien se apoderó de los lobos, los corderos y hasta de Nietzsche para sembrar el terror. Y otro que dudó y cimentó su seguridad en la existencia. Los hubo caóticos, esquizofrénicos, creyentes, impíos, honrados, cultos. Hubo genios, hubo dementes. Hubo, y habrá, hombres. Humanidad.
Tal vez sea ése el peor de los castigos. La humanidad, el hombre. Nos empeñamos en construir la máquina más sofisticada del universo, a la que llamamos sistema, sin enterarnos de que lo éramos nosotros. Nosotros, los humanos: ingobernables, nuestro peor castigo. Nos jactamos de ello. De ser la peor de nuestras condenas. Y creamos, puede que entre todos, el perdón, el indulto.
"Eso es ser hombre: horror a manos llenas". Escribió Blas de Otero, desesperado. Más tarde, terminó convirtiéndose en el más convencido de los filántropos.
Cuando entras en Arkansas, te recibe una bandera de fondo rojo, y estrellas azules sobre un rombo blanco. Un pabellón que se asemeja demasiado al de la armada confederada. Cuántos negros, cuántos esclavos, cuántos humanos cayeron al Misisipi en aquella guerra.
Cuando entras en Arkansas, te recibe un lema: "regnat populus"1. Como si quisiera decir, aquí reina el pueblo, quédense tranquilos. ¿Cómo vamos a estarlo si reinamos nosotros? Los hombres; los humanos. Filántropos, pero irregibles.
NOTAS:
1-"Regnat populus" es el lema oficial del estado de Arkansas. Su traducción al castellano sería la siguiente: "reina el pueblo".
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